sábado, junio 28, 2014

La casa de la vida

La casa esta terriblemente silenciosa a las cuatro de la mañana. Hay en este silencio una mezcla de paz y de soledad, que invitan a la reflexión, a la meditación o…a la escritura. Hace mucho que no escribo. Muchísimo. Odio sentirme desbordada por la vida y el  tiempo hasta el punto de dejar de lado cosas que me apasionan como la lectura, la escritura o la pintura. Abandonarlas significa abandonarme, olvidar poco a poco quien soy y privarme de los únicos momentos en que la vida no me parece tan abrumadora. Pero el tiempo pasa incontrolable estos últimos meses y voy perdida por un camino con muchos senderos sin saber exactamente cuál de ellos tomar. No parezco yo. ¿Dónde me dejé esa seguridad, esa convicción de que siempre escogía la dirección correcta? Es extraño que cuando mas confusa me siento más convencida estoy  que la vida mi guiara por ella misma. Porque la vida es como una casa a diferentes horas.

Ser niño es como la casa al levantarte por las mañanas. Al subir la persiana la luz entra y todo empieza. Tienes ganas de comerte el día, te sientes con energía y saboreas todas los pequeños placeres: el café, la ducha, una tostada… Luego llega la adolescencia, a mediodía. Empiezas a ser consciente que tienes que hacer muchas cosas y que tienes responsabilidades que cumplir: hacer la comida, lavar la ropa, fregar los platos. Hay tareas más penosas que otras pero sabes que del buen trabajo realizado dependerá que te sientas más o menos realizado. La edad adulta viene con la tarde. El cansancio de todo lo realizado empieza a notarse pero sabes que aún te quedan muchas cosas por hacer: la cena, el baño de tu pequeña, los deberes… al final de ese momento necesitas sentarte a menudo en el sofá para descansar de lo vivido y recapitular sobre tu día/vida. La segunda madurez llega con la noche o la madrugada. Es cuando puedes acostarte satisfecha de todo lo realizado, contenta contigo misma y acompañar tu reposo con las melodías de tu vida. A veces esa segunda madurez te sorprende con giros radicales en tu vida… son las cuatro de la mañana en la casa. No has perdido tu tranquilidad ni tu satisfacción personal en  lo que te has convertido. Pero el descanso ya no es el mismo. Te levantas y escuchas el silencio. Descubres que te gusta la soledad de ese momento, que pérdida o asustada, ya no pierdes la calma. Descubres que la oscuridad ya no te asusta, que hay nuevos placeres inesperados: una infusión caliente, una reflexión silenciosa o una conversación inesperada de chat que te hace sonreír. La soledad no pesa, o quizás pesa de manera más placida como si gracias a ella descubrieras cada día mas cosas de ti, cuando ya creías saberlo todo. De la vejez no puedo hablar, pero debe ser imposible compararla con los momentos dentro de tu hogar. En la vejez se encuentra la verdadera libertad. Es ese momento donde ya lo aprendiste todo y el único verdadero hogar que te queda esta en tu corazón. Es en ese momento donde no hay muros, ni senderos confusos, ni reflexiones amargas, ese momento donde dices, he vivido y…que vida!

Hoy a las cuatro de la mañana mi segunda madurez me dice que me queda mucho que aprender y por lo que luchar. Estoy asustada? Por supuesto. Intento apagar con la música las cuestiones del alma pero ésta pregunta con tanta ansia que intento callarlas de nuevo, esta vez escribiendo. Inútil. Inútil no preguntarse ¿por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Hacia dónde?...Y en medio de esta paz y de este silencio descubres la gran premisa de esta gran época de tu vida: nada pasa por azar, la vida te trae todo aquello que debe cruzarse en tu camino. Hay una razón para ello que solo tú eres capaz de comprender. Debes dejar la vida actuar y no tener miedo de que te lleve por senderos que jamás te habías planteado explorar. Ese es el camino que te llevara a una vejez libre y en paz, donde podrás contar un día a tus descendientes como encontrar sus propia casa, sus hogares, sus sitios y sus momentos; donde podrás decirles que nada es fácil pero que no por ello cada hora que vives deja de ser emocionante. Es el momento en que puedes decir: mi llamo Sonia y esta ha sido la maravillosa vida que he vivido.

martes, mayo 20, 2014

Hay que atreverse...

Cuando hace seis años dejé mi país de origen nadie me habló de coraje. Unos me dijeron que estaba loca por dejar mi vida atrás y empezar de nuevo en un país del que desconocía hasta la lengua. Otros se sintieron dolidos y abandonados y, en consecuencia, no recibí de su parte ni una sola palabra de apoyo. Con el tiempo agradezco que nadie me hablara en ese momento de coraje, porque no lo fue…fue una osadía. Y cual es la diferencia? El coraje lleva implícito el convencimiento de que vas a lograr tus metas, la osadía es una especie de locura en la que sabes que tienes por delante retos que seguramente serán insalvables…pero te lanzas… quizás con más ímpetu, con más ganas y con más empuje aunque el miedo te paralice por momentos y las dudas te acompañen casi a diario.
Hoy esa gente que dejé atrás me pregunta a veces por el resultado de esa osadía. Algunos siguen pensando que fue un error porque sigo combatiendo a diario, porque tengo mis buenos y malos momentos, porque como dice el dicho “je ne suis jammais aussi triste qu’on le croit…et jamais si heureusse que l’on peut penser” y porque después de seis años me siento tan extranjera aquí como en mi propio país. Yo les respondo algo tan simple como “de que debo arrepentirme? De haberme atrevido?” Porque en la vida hay que atreverse. No importa el resultado, ni las piedras en el camino, ni las lágrimas, ni la soledad, ni la tristeza. Lo verdaderamente importante es intentarlo. Lo único que cuenta es el camino no la meta. Porque es en ese camino donde llenamos la mochila de todo lo que nos hará más fuertes adelante.  Solo hay que escuchar  “Space Oddity” de David Bowie. Cuando el coronel Tom pierde contacto y se queda para siempre a la deriva. Sabe que no puede hacer nada pero aun en esa situación consigue admirar el magnífico azul del planeta tierra. En ningún momento se escucha que se arrepienta de su viaje. La última vez que oí la canción fue en “La vie reveé de Walter Mitty” que para muchos es un autentico sin sentido y para mi es una de esas películas que envían con fuerza el mensaje  “Hay que atreverse”.
Y no escribo esto solo para las personas que un escalan el Everest, que dan la vuelta al mundo en patinete, que se van a la selva amazónica a construir una escuela o a África a construir pozos de agua…lo escribo para la todos vosotros. Para las mamas y papas que se levantan por las mañanas y se toman un café al tiempo que hacen la mochila del colegio, y visten y peinan a sus hijos. Para esas personas que diariamente se enfrentan a la monotonía de un trabajo porque gracias a él podrán cuidar de sus seres queridos. Para esas personas que tan equivocadamente llamamos “gente corriente”. No somos gente corriente y sea como sea nuestra vida no debemos jamás temer osar cosas nuevas. No debemos dejar que el miedo nos bloquee, ni que los fracasos por continuos que sean, nos convenzan de que es mejor quedarse quieto viendo la vida pasar. Hay que luchar y atreverse con todo, hay que tener la osadía de, al menos una vez en la vida, intentar algo que siempre hayamos creído imposible, y sacar todas las lecciones de ello, las buenas o las malas.
Así que atreveros: a viajar, a cantar en un karaoke, a hacer puenting, a saltar en paracaídas, a abrir ese negocio, a estudiar esa carrera, a escribir ese libro, a aprender guitarra… o a salvar un castillo.
Besos.

martes, marzo 25, 2014

El precio de Escuchar



De todo el aprendizaje que realicé en la Universidad nada quedó mas anclado en mi que el concepto de la Escucha Activa. Nos proporcionaron toda una base de conocimientos de psicologia donde la escucha era el arma más poderosa de los asistentes sociales. Oir no tenia nada que ver con escuchar, quien no llegaba a comprender estos conceptos podia plantearse cambiar de profesión. Nos enseñaron los conceptos técnicos de la escucha pero enseguida me di cuenta que por mas teorias y pautas para que ésta fuera eficaz, la escucha debia ser un rasgo casi innato en cada uno de nosotros. En mi lo era, y fue entonces cuando empece a escuchar a todo aquel que venia a mi, con la necesidad, además, de ser reconfortado con un consejo.


Los que escuchamos a menudo pagamos un precio, aunque nuestro "don" consuele y alivie a esa persona sufriente que viene a hablarte, pues, aquellos que mas necesitan ser escuchados son aquellos que más sufren. En consecuencia te llevas a casa miles de historias de soledad, de angustia, de inseguridad, de pena y cada dia un poco, absorves algo de esos males del ser humano. El primer precio de la escucha es la tristeza, generada por la empatía que se desarrolla con quien deposita sobre ti sus más terribles desdichas Si alguien llora la muerte del ser querido acabas pensando en las perdidas que te horrorizan, si alguien se siente destrozado, acabas tratando de pensar en que manera podrias sacarle una sonrisa, y si alguien llora por amor acabas convencida de que este existe muy pocas veces ese estado verdaderamiente fusional y único entre dos personas.

Las personas que escuchamos nos olvidamos que a veces necesitamos ser escuchadas. Escuchar no es un contrato, no tiene remuneración. Es un acto gratuito y voluntario de una persona por respecto y amor hacia los seres que quiere. No esperamos recibir nada a cambio sino más bien aconsejar lo ma objetivamente posible tras finalizar la escucha, para reconfortar un poco al otro. Porque la persona que quiere ser escuchado si necesita esa feedback, necesita inconscientemente comprobar que ha sido escuchado y comprendido y solo recibe la confirmación a través de un buen consejo. Los que llevamos toda una vida escuchando somos buenos psicólogos pero cometemos un error muy comun: pocas veces nos aplicamos esos consejos que acaban siendo realmente tan útiles. Nos resulta más fácil convencer al otro que convencernos a nosotros mismos.

Las personas que escuchamos no pedimos un retorno a nuestra acción pero cuando uno de nuestros amigos nos da las gracias, se siente aliviado y te comenta dias después que siguiendo tus humildes palabras se siente mucho mejor, no podemos evitar preguntarnos que se sentiria si fueramos nosotros los escuchados. La gente cree, por norma general, que aquellos que dedicamos parte de nuestro tiempo a ayudar y escuchar al resto lo tenemos todo controlado. Damos la sensación de dominar el sentido de la vida, de conocer los caminos a seguir y de encontrar siempre una solución o una palabra apropiada en el momento apropiado. Y por tanto, esas personas creen que no necesitamos que nos escuchen, que el don de saber escuchar nos sitúa por encima de ellos, en un altar de protección que nos envidian. Nada más lejos de la realidad. El precio a pagar por esta fasla creencia es la soledad.

Pero seguimos a la escucha. Porque comprendemos cuanto bien puede hacer a una persona, cuanta compañia y cuanta tranquilidad puede aportarle. Las historias se acumulan en nuestro interior. A veces las aprovechamos como lecciones y aprendemos cosas, pero otras, cuando nuestra propia moral esta minada por un mal momento, estas historias nos llegan al alma igual que un viento glacial de invierno. Hay que ser terriblemente fuerte para saber escuchar y terriblemente sensible y valiente para encontrar las palabras cuando esa historia que escuchas al momento te desgarra por dentro. Y sin embargo, sabes que debes mantener la serenidad para que tu "don" surga el efecto deseado.

Un dia al levantarte descubres que lo que mejor haces en la vida es escuchar a los otros pero que ya no necesitas que nadie te escuche porque olvidaste tus penas, o simplemente no sabes como exprimirlas ni a quien. Continuas siendo el angel invisible detras de la linea telefónica, detras del chat del Facebook, detrás de un mail y, muy de vez en cuando, cada vez menos, el angel visible sentado en un banco del parque secando las lágrimas de un amigo.

Escuchar no es una técnica, no se aprende, no se mejora. Escuchar es algo innato y tener la capacidad de hacerlo implica asumir desde el primer momento que el corazón se va a resentir, pero sobretodo asumir que una vez que empiezas a utilizar tu don, sera un don de por vida, que te acercará a miles de personas y a la vez te alejará a un mundo de silencios, soledad e introversion.

lunes, marzo 03, 2014

Anoche soñé...

Mis despertares son como abrir los ojos todos los dias con el libro de Rebecca en la mano: "anoche soñé que volvía..." Apenas unas horas de sueño todos los dias pero perdida siempre, en ese breve espacio de tiempo, en un retorcido mundo onirico que me procura todavia menos descanso. Casi nunco son sueños agradables, en el mejor de los casos, extraños, tanto que a veces prefiero el terror a la rareza. A veces es un "volvía"... a mi tierra, a mis recuerdos dolorosos, a mis miedos...Los sueños están ahí para despertar ese subsconciente que nos forzamos a menudo en esconder, a veces como mecanismo de defensa, a veces para ocultar cosas que deseamos negarnos. Otras veces es sin embargo un "iba", porque en ese mundo irreal puedo visitar lugares en los que no he estado...como Noisy. Tampoco entonces el imaginario recorrido es agradable. Eso me entristece. Quizás el castillo me procura más ansiedad de la que me atrevo a reconocer. Quizás la aventura me fascina y me asusta a la vez. Quizás es solo el miedo a fracasar y verlo reducido a un montón de escombros. A veces me pregunto si mi mente trata de prevenirme de algo o es solo las divagaciones de quien apenas disfruta de cuatro horas de reposo nocturno.

Anoche soñe que volvia a mi playa. No habia sol, ni una suave brisa provocando un tranquilo oleaje. El paisaje era triste y casi aterrador. Y algo familiar. Desde el paseo y mirando hacia el horizonte una lancha de los guardacostas recorria el kilometro de playa. Habia una lluvia fina que contrastaba bastante con el gris oscuro del cielo y el fuerte viento. Me di cuenta que buscaban a alguien en el mar y de golpe yo misma me encontraba tratando de permanecer a flote entre el terrible oleaje. Veia la lancha, desde un punto de vista diferente, pero nadie me veia. Intentaba gritar, pero ni el más mínimo sonido salía de mi boca. Y como suele pasar, es en medio de ese terrorifico silencio que uno se despierta. Apenas unos minutos más tarde, sentada en la semioscuridad de mi habitación, recordaba porque me era tan familiar aquella escena. Estaba recreando un episodio vivido hace muchos años, en mi adolescencia, cuando sorprendida por el mal tiempo durante un paseo, la noticia de un joven desaparecido en el mar llegó hasta nosotros de boca de un grupo de personas que miraban, con el mismo horror que yo, los esfuerzos realizados por el personal de salvamento. Esta vez, era yo quien me ahogaba. Quizás no duermo no a causa del insomnio, quizás me aterra tanto sumergirme en ese mundo subsconciente que involuntariamente intento no dormir.

No dormir es un infierno, pero hacerlo y tener pesadillas continuamente, es el purgatorio. Si Freud tenía razón y cada sueño tiene un significado, entonces los mios me mandan infinitos mensajes que no se descifrar. Quizás soñar con la lluvia y no con el sol, con la oscuridad y no con la luz o con el infierno y no con el cielo no tenga porque significar necesariamente que algo no anda bien. Quizás los sueños solo recogen los pensamientos de toda la jornada mezclándolos, como si de un batido se tratara, con un poco de inquietud, un poco de realidad y un poco de fantasía. Quizás no significan nada o tal vez, lo signifiquen todo.

Entretanto veo llegar las noches lentamente, muy lentamente. La sensación de cansancio está ahí pero el sueño se me sigue resitiendo. Y cuando ni la música, ni la ducha, ni las infusiones, ni la lectura hacen efecto y por desesperación o fatiga recurro a los medicamentos, lo último que pienso es a que extraño lugar o a que momento en el tiempo me llevará el caprichoso Morfeo.

sábado, febrero 22, 2014

Puisque tu pars - Ya que te vas

Jean-Jacques Goldman:" j'ai pensé à écrire une chanson sur le départ, mais pour montrer que le départ n'est pas nécessairement triste, mais qu'il y avait aussi des côtés positifs sur le départ et la séparation."

Jean Jacques Goldman: "pensé escribir una canción sobre la partida, pero para mostar que la partida no es necesariamente triste, sino que habia también aspectos positivos sobre la partida y la separación"





Ya que la sombra gana
Ya que no hay montaña
Más allá de los vientos, mas alta que los escalones del olvido
Ya que hay que aprender
A falta de comprender
A soñar con nuestros deseos y vivir de los "que asi sea"
Y ya que piensas
como una íntima evidencia
Que a veces dar todo no es necesariamente suficiente
Ya que es en otro lugar
Que tu corazón batirá mejor
Y ya que te queremos demasiado para retenerte
Ya que te vas

Que los vientos te lleven 

Donde otras almas más bellas
Sabran amarte mejor que nosotros ya que no te podemos querer más
Que la vida te enseñe
Pero que continues siendo el mismo
Si te hubieras traicionado te hubieramos sin duda perdido

Guarda esta oportunidad
Que te enviamos en silencio
Esa fuerza de pensar que lo más hermoso está por venir
Y lejos de nuestras ciudades
Como octubre lo está de abril
Que sepas que aquí queda de ti una huella imborrable

Sin drama y sin lágrimas
Pobres y ridículas armas
Porque hay dolores que solo lloran desde el interior
Ya que tu casa
Es hoy el horizonte
En tu exilio intenta aprender a regresar
Pero no demasiado tarde

En tu historia
Guarda en tu memoria
Nuestro adiós
Ya que te vas

Podria haber cerrado, olvidado todas esas puertas
Quitado todo de un simple gesto pero tu no lo hiciste
Hubiera podido dar tanto amor y tanta fuerza
Pero todo lo que podia hacer no era bastante
No era bastante, no era bastante, no era bastante

En tu historia
Guarda en tu memoria
Nuestro adiós
Ya que te vas

miércoles, febrero 19, 2014

Que así sea...

"Puisqu'il faut apprendre, défaut de le comprendre,  rêver nos désirs et vivre des "ainsi-soit-il"... son las palabras de una canción que he descubierto hace poco y que ahora, a las cinco y veinte de la mañana escucho junto una taza de café de la mano. Pequeña traducción: ya que hay que aprender , aunque no lo comprendamos, a soñar con nuestros deseos y a vivir con los "que así sea"... y es que 2014  está resultando un año de despertares donde los "que así sea" han resultado la mejor manera de metamorfosear mi vida y avanzar pese a los malos recuerdos, el cansancio o la nostalgia. En realidad los sentimientos negativos están suspendidos, flotando en una especie de "stand by" donde ya no producen el mismo efecto devastador de antaño. Es como tenerlos tendido en la cuerda de la ropa, donde, de vez en cuando, el viento los sacude, y te produce un escalofrio, pero una vez pasado el mal tiempo vuelven a su posición actual y se secan, los recojes y vuelves a lavarlos y tenderlos cuando sea necesario. 

Lo bueno y la malo comparten el cincuenta por ciento de mi existencia y me parece un equilibrio perfecto, sobretodo si pienso que lo bueno acontecido los últimos meses mantiene a raya cualquier cosa que pretenda minar mis ganas de luchar por todo lo que he construido las últimas semanas. La pena y la alegria conviven con una harmonia que hasta el momento no había logrado y que no habia conseguido estabilizar desde mi llegada a Bélgica. Son casi los cuarenta? Es la experiencia de la vida? O es simplemente la evolución normal que debia seguir una persona de mi carácter.

Enero trajo nuevos retos, nuevos amigos y nuevos proyectos. Enero trajo ganas, muchas ganas, las que pese a los esfuerzos no conseguia recuperar del todo. Quizás es que todos tenemos un límite y finalmente debemos optar: seguir compadeciéndonos y añorando todo lo que se fue, o luchar y recuperar lo que fuimos. Poco a poco los pequeños placeres han regresado: la lectura, la piscina, la natación, los paseos en solitario mirando hacia el cielo y no hacia el suelo, la lluvia en la cara, la música... El pasado sigue ahí, hay demasiado para borrarlo y después de todo porque hacerlo si gracias a él nos hemos construido? Pero esta ahí saludándome con la mano, como diciéndome "adiós, sigue adelante y no olvides lo que te enseñé". El futuro? El futuro es impredecible y como dice la citación "todo lo que tenga que suceder encontrará una forma única y maravillosa de manisfestarse". Así que lo que deba venir ya llegará y lo que jamás deba ocurrir quedará como un sueño más, carente de melancolia, solo como un deseo incumplido de los muchos que acaban poblando nuestra existencia. La vida es hoy. La vida es aquí, ahora y este momento, como nos decía Dan en "El Guerrero pacífico". Y no por ello el presente está vacio de luchas y penas, fracasos y decepciones, dolor y esfuerzo...pero vivir el momento convierte todas estas emociones en barreras fáciles del salvar, en muros menos complicados de escalar.

Yo me quedo con el ahora. Con el hoy. Con este momento de escritura, con los buenos dias madrugadores de los compañeros de colegio por el adictivo whattsup, con el pequeño paseo hasta el colegio de Alexia cantando "Cosquillas", con mis peleas con las prácticas del coche, con mis largos de piscina, con la sonrisa de Alexia al llegar al colegio a buscarla, con nuestra comida de mediodia a tres, con la tarde con mi tia charlando, riendo y confesando cosas inconfesables acompañadas de una buena Leffe, con el baño de Alexia llenándo todo el suelo de agua, con nuestro ratito de pegatinas, colores y formas, con el placer de abarzarla fuerte y acariciarle el pelo hasta que se duerma, con mi pequeña lectura nocturna, con los avances en mi libro y con Noisy. Yo me quedo con el dia de hoy.

Y claro que están las nostalgias y las dudas, pero ya pensaremos en ellas cuando realmente sea el momento. Y si de golpe pretenden tomar más espacio del necesario en mi dia de hoy, no hay más que escuchar a Macaco: "Di si, seguiremos, si dicen perdido yo digo buscando, si dicen no llegas de puntillas alcanzamos, si dicen caiste yo digo me levanto...".

Febrero no es un mes fácil, nunca lo será ya. Pero pasará. Febrero es el mejor mes para poner en práctica el hoy. Febrero es la falta de quien la vida nos arrancó demasiado pronto. Pero Febrero es precisamente por eso el momento de decirse "adelante". Juanma lo hubiera querido así y no vamos a defraudar a nuestro chiquitín, porque muchas de las lecciones que he aprendido los dos últimos años han sido consecuencia de su ausencia y también de lo que nos enseñó a todos.

Y Marzo? Marzo es mañana y traerá lo que tenga que traer. Así que salir, mirar hacia el cielo, da igual si es azul, gris, lluvioso o soleado. Disfrutad de las maravillas que los ojos nos muestran cada segundo de la vida, esas pequeñas señales momentaneas que ignoramos porque estamos demasiado preocupados por el que será. Lo que deba suceder, sucederá igual. Ya lo dice Garth Brooks...if tomorrow never comes...si el mañana nunca llega... entonces disfrutad a fondo del hoy para no lamentar haber perdido ni un solo momento de esta camino díficil pero emocionante que es la vida y sobretodo, que no se me olvide, como dice la curiosa filosofia del Ho'oponopono, nos olvideis de decir "Lo siento, perdón, gracias y te quiero"

Besos lectores...


domingo, enero 12, 2014

Erase una vez... Noisy

Erase una vez un castillo abandonado en medio del bosque profundo. Dicen que no tenia princesa, pero yo no lo creo así. Noisy tuvo un dia una princesa, o en este caso, una condesa. Y tuvo su conde. Y tuvo vida, luz y las risas y también llantos de aquellos niños hoy adultos. Seguro que también, entre ellos, hubo el principe que encontró a su princesa... Había un riachuelo, la Miranda, que bordeaba la colina del castillo y un puente, creo...no lo se...nunca he estado allí. O si? Son las miles de fotos que me han ayudado a viajar o acaso fuí algo para Noisy en una vida pasada. Es solo pasión o la imaginación loca de quien la solitud ha convertido en alguien con más pensamientos en el mundo irreal que en el palpable.

Puedo recordar cuando Noisy entró en mi vida. Lo recuerdo porque se acercaba la noche más mágica del año, Halloween, y queria celabrarlo como todos los años, al lado de Marta y Eva, y de una manera especial. Era mi primer Halloween lejos de casa pero fué el más mágico. Disfraces, truco, trato...en España no es una tradición muy extendida. Y envuelta por toda esa magia, por esa noche en que el velo entro los dos mundos, el de los vivos y el de los muertos es más fino, decidí que convertir la visita de mis amigas en algo único. Y después de teclear "lugares mágicos" en google, apenas unos minutos más tarde, la primera foto, con su torre del reloj, sus puntiaguadas formas y sus torres, todo cubierto de un precioso manto blanco. Solo un castillo mas? No. Llevamos años teniendo a nuestro alcance todas las maravillas y secretos que el mundo oculta gracias a la red. Porque quedarte fija en una fotografía? Porque una imagen puede atravesarte el alma hasta encogerte el corazón? Porque de golpe sientes que estás en casa pese a los mil kilómetros que te separan de tu tierra natal. Son preguntas extrañas seguramente con extrañas respuestas o sin...Noisy me persigue desde entonces. En el buen sentido. Me obsesiona, me fascina y me atrae hacia él. Me está diciendo adiós.

Creí que un lugar mágico, merecia una historia fantástica. Queria escribir sobre él y tal era mi impaciencia que empecé poco después a garabatear frases en una libreta, pero algo no fucionaba. "No lo estás haciendo bien" me susurraba la voz del castillo en silencio. No, no lo estaba haciendo bien. Tenia que saber más sobre él, conocer su historia, sus rincones, sus secretos y su magia. Tenia que poder cerrar los ojos y caminar entre sus espacios como si de un viaje astral se tratara. Tenia que poder imaginarme una noche oscura, mirando los estrellas  y escuchando a los pájaros, sentada en el borde de la vieja fuente que un dia sirvió de piscina protegida por la inmensidad de sus muros. Cuatro años después todavia no he finalizado ese viaje. Ahora cierro los ojos y toda esa búsqueda me lleva solo hasta la mitad del camino. Un viaje en stand by para luchar por su supervivencia.

Noisy me ha acercado también a gente maravillosa entra la que me siento como una pequeña hormiguita. Una extranjera, alguien ajeno a la infancia de todos esos niños y ajeno a aquellos cuya pasión se debe a secretos que no quieren confesar. No soy la única en esta situación, hay miles de personas apasionadas por el castillo, experimentando los mismos lazos de unión con él sin formar parte de su historia. O quizás si que mi pasión es diferente, porque se me encoge el corazón cuando imagino sus muros caer, porque ayer viendo un video del castillo las lágrimas se me subian a los ojos. Ayer, pude imaginar esa visita nunca realizada. Caminaba detrás de la persona que sostenia esa cámara y el silencio se hizo en el salon de casa. Oia las ramas de los arboles moverse con el viento y cerraba los ojos ante el resplandor del sol en mis ojos. Y entonces allí estaba. Noisy. Al fin. Cuando pasaron esos seis minutos de magia y los ruidos caseros regresaron, sentí de golpe, una immensa desesperación. Es lo más cerca que voy a estar jamás de sus piedras o vamos a ganar la batalla? 

Me da igual parecer una loca a quien la extraña solitud que me persigue desde siempre la he embarcado en una lucha que muchos consideran que no es la mia. Me da igual que la gente piense que debería estar ocupándome de las cosas normales de la vida. Me da igual que mi aventura se acabe con el fin de la lucha, se gane o se pierda. Lo cierto es que lo único que me importa ya, es que Noisy se mantenga en pie...

Noisy me está diciendo adiós, aunque yo prefiero pensar que me pide ayuda...

martes, octubre 08, 2013

Enfrentarse a la muerte

La primera vez que perdí a alguien tenía dieciocho años. Recuerdo aquella escena en la terraza del restaurante en la que Dámaris me anunciaba el trágico final por el que había optado Alex. No quise irme a casa. En esos momentos solo pensaba en iniciar mi turno de noche y que el bullicio de los comensales y la música de la orquesta me quitaran de la cabeza aquella terrible noticia. Recuerdo que al entrar, uno de los camareros veteranos se burló de la tragedia. Creo recordar que dijo algo así como "¿qué les haces a tus amigos que acaban colgándose?". Lo peor vino detrás con las risas de todos los presentes. Hay momentos en la vida en que las cosas que escuchas son tan terribles que la única reacción es el bloqueo. Fué a partir de ese momento que empecé a pensar en el modo en que la gente reacciona ante la muerte. Nuestro pequeño grupo de amigos decidimos pasar la noche en el pub donde trabajaba Eva y acompañarla. Si alguien debía estar profundamente afectada era ella. Cuando entré solo pensaba en que palabras escoger, en como la encontraría y en que se me partiría el corazón si la veía rota. Estaba tranquila detrás de la barra, le pregunte como estaba y me dijo bien. Y la noche transcurrió como una noche más. No hablo de ello entonces y yo no volví a preguntarle cómo se sentía. Pasaron años hasta que un día habláramos de aquel triste episodio, ya desde la distancia emocional que te procura el paso del tiempo, pero nunca supe cómo se sintió de verdad.

Las respuestas de las personas ante las pérdidas son muy diferentes, pero el silencio se impone muchas veces como opción preferida. ¿Hasta qué punto es bueno callar y hasta qué punto es bueno hablarlo? ¿Es preferible dejarse ir y vaciar toda la pena o ponerse una coraza y seguir adelante repitiéndonos que la vida sigue y hallando los miles de motivos que nos empujen a seguir?

Un par de años después Meritxell sucumbía a su tumor. No habíamos sido amigas del alma pero aquella adolescente a quien todos trataban de "hija de papá" había cuidado de mi discretamente durante mi estancia en el restaurante. Venía a hablarme, se preocupaba de cómo me había ido la jornada y en más de una ocasión, conocedora de que trabajar en el restaurante me era indispensable para pagar mis estudios, me preguntaba por mi situación económica y se preocupaba de buscarme soluciones en formas de becas y ayudas. En cierta ocasión, antes de su enfermedad, celebró su cumpleaños en el restaurante y por supuesto, me invitó. El azar quiso que nuestro maitre me pidiera a mi ser la camarera que se ocupara de la barra en el cumpleaños y evidentemente mis necesidades me empujaron a decir si. Cuando Meritxell me vio vestida con mi uniforme sirviendo bebidas se sorprendió, se acercó a mí y me dijo: "me da igual que te haya tocado a ti. Podemos servirnos solos, así que haz como si estuvieras en la fiesta". Evidentemente no podía ser así pero siempre recordare ese momento. Esa era Meri. El día que me anunciaron su muerte, Muñoz, mi jefe, me sentó en una mesa y con una delicadeza que jamás le había conocido, me dijo que hacía apenas una hora su cuerpo se había rendido. Me pregunto cómo estaba y yo, igual que hiciera Eva años atrás, contesté que bien. Y entonces me di cuenta de todo lo que esa respuesta camufla. Una hora más tarde me encontraba de nuevo detrás de una barra sirviendo bebidas. Recordaba ese cumpleaños cuando el dj empezó el baile con "Tell him" de Vonda Shepard. Ahora siempre, siempre que oigo la canción pienso en Meri. De su pérdida aprendí que la muerte nos afecta según el impacto que esa persona haya dejado en nosotros, aunque haya sido pasajero. Meri me enseñó que el dinero no nos hace diferentes. Fue la única persona que me hizo olvidar que era una chica de clase media baja que tendría que pelear el resto de su vida para conseguir sus sueños. Y eso me convirtió en alguien diferente, me hizo ver al resto de personas con otros ojos, a no lamentarme por tener que ganarme con esfuerzo hasta el último duro, porque seguro que siempre habría alguien dispuesto a preocuparse por mí.

Pero el impacto fue duro y creo que empecé calladamente a temer a la muerte. No a la mía, sino a la de mis seres queridos. Unos años después fallecía mi abuela. No habíamos tenido con ella un contacto continuo ya que vivía en mi “adorada” Bélgica pero era de esas personitas tiernas y graciosas, una abuelita de cuento. Tres meses antes de su muerte y en la antesala de un matrimonio reciente que parecía empezar a hacer aguas, decidí acompañar a mi madre a Bélgica durante quince días. Padecía ya un cáncer terminal pero, aunque postrada en la cama, aún guardaba su alegría y esa ternura que tanto me gustaba. Fueron días raros: tristes, cansados y ¡divertidos! Teníamos la muerte a unos pasos y nos reíamos a diario. Tres meses después nos dijo adiós al tiempo que yo decía adiós a mi matrimonio relámpago. Entonces caí en una terrible depresión en la que metida en la cama la lloraba día tras día. ¿Que aprendí de la muerte entonces? Que cuando estamos débiles anímicamente nos hunde en un pozo negro y que hay que agarrarse muy fuerte a la cuerda para no hundirte en el lodo. Perdía por primera vez a alguien de mi familia, veía a mi madre rota y mi vida personal se iba al garete. Sentí mucho dolor por su pérdida pero mis emociones en aquel momento convirtieron su ausencia en un camino del que por poco no regreso. Para enfrentar la muerte se necesita mucha, mucha fortaleza. Hay que estar en plenas facultades de todo y dominar las circunstancias negativas que la vida te plantee en ese momento. Si no es como cuando un día amanece soleado y de pronto amenaza tormenta. Empieza a cubrirse de negro, se desata el desastre y el miedo te hace meterte bajo las sábanas donde la oscuridad es todavía más amenazante.

Un día me levanté y mientras me dirigía a Vallirana en coche, todo me parecía más bonito. Los árboles más verdes, el sol más radiante, la vida más bonita. Había vuelto el color y me creí inmunizada contra las pérdidas. Y los años pasaron… Y un precioso día soleado de domingo la muerte volvió como para recordarme que ella ganaba y que frente a su paso ninguno estamos ni estaremos jamás inmunizados. Y como para regocijarse se llevó tres meses después a mi bebé. No quiero extenderme hablando de Juanma ni de mi chiquitín, aún es muy reciente, o quizás en realidad solo estoy haciendo lo que hice, hasta ahora, con el resto de pérdidas: no hablar. Esa ha sido siempre mi opción. Pero no es la única.


Hoy con este escrito quiero ayudar a todos aquellos que han sufrido pérdidas recientes o no. Sobre todo a mi hermana. Dejemos de una vez de establecer pautas de comportamiento frente a la muerte porque no las hay. El dolor no se hace menos severo a los seis meses, ni una se recupera aproximadamente a los tres años. No hay que repetirse continuamente que hay que seguir como si fuéramos Bart Simpson escribiendo la misma frase en la pizarra para auto convencernos, y quizás tampoco hay que meterse en la cama a llorar hasta que te sangren los ojos. La muerte cada persona la vive como la siente, como necesita vivirla. Cada persona escoge las razones de salir adelante, siendo, la más importante, uno mismo. Estoy cansada de oír “expertos” diciendo cosas como “la vida sigue” o “tienes a tus hijos”… ¡Por supuesto que la vida sigue! ¡Por supuesto que un hijo es una razón más que importante para no rendirse! Pero bajo tanta metodología nos olvidamos de las personas como seres únicos, dejamos de escucharnos para escuchar lo que está pautado como correcto para superar el duelo. ¿Necesitas cuatro meses en la cama de desesperación? ¡Permítetelo! Quizás es tu opción para dentro de unos años decir “lo superé”. ¿Necesitas callártelo o al contrario gritar tu rabia y decir que fue injusto? ¡Hazlo! Tú decides como enfrentarte a ello, solo tú sabes, realmente, aunque al principio no puedas verlo, cuál es tu mejor camino.

Ellos no se irán jamás y la pena tampoco. Ni siquiera estoy segura que se aminore con el tiempo, porque quizás, después de diez años, te despiertes una mañana sintiendo exactamente lo mismo que sentiste el día que esa persona se fue y quizás vuelvas a caerte en el pozo…y también salir. Somos humanos. Somos seres llenos de emociones y como he dicho en más de una ocasión no debemos tener la prepotencia de tener respuestas para todo ni de creer que la vida viene con un manual. La vida hay que enfrentarla día a día, cada mañana el despertarse. Y así sucesivamente. Para los que os parezca algo dura os confieso que yo, estoy llena de pena. Pero me levanto todos los días pensando que todo lo vivido debe merecer la pena. Que la tristeza de la perdida de los que queremos de debe impedirnos ver cuántas cosas maravillosas nos dejaron y cuantas cosas maravillosas pueden suceder aún. Démonos el margen suficiente entre sufrir y ser feliz.


A todos los que nos dejaron. Y a mis lectores…por supuesto.

sábado, julio 20, 2013

Erase una vez...E.G.B

Hace un tiempo publique una entrada, a petición de una amiga, de mi grupo de verano, amigos de los que disfrute desde los diez años hasta casi los dieciocho y con quienes retomé el contacto a través de Facebook. Mi hermana pequeña, una vez decidida a lanzarse al curioso mundo de las redes sociales, tomo carrerilla y creó un grupo llamado “Piscina dorada” en honor al complejo de apartamentos de Comarruga donde veraneábamos.

Y ahora creo que es tiempo de homenajear a todo esa pandilla heterogénea que fueron los compis de colegio durante los ocho años de la ya desaparecida Enseñanza General Básica. Los recuerdos me fallan bastante, supongo que la edad no perdona, y son sobre todo,  pequeños flashbacks que me vienen a la cabeza pero que siguen ahí imborrables como parte de la niña-adolescente que fui un día. Para ser sincera debería ser Dámaris quien se animara a escribir sobre toda esta etapa, por su más que impresionante memoria, por la colección inacabable de recuerdos materiales que conserva y por su talento para la escritura que estoy deseando que retome, seguramente para placer de más de uno. Estoy segura que el día que se anime nos hará viajar un poco más lejos de lo que mi memoria me permite.

Mi viaje en el tiempo empieza en tercero y muchos recuerdos están ligados a esa época, básicamente porque de antes apenas sabría contar nada. Como le dije hace poco a Jose, creo que es el único momento en que me sentí un poco Cenicienta y no la poco agraciada hermanastra, y eso, se lo debo tanto a Margarita como a ese pequeño grupo de personitas que formábamos la clase de 3°C, la clase “de los que nunca aprobaban”. Supongo que el hecho de ser pocos creo lazos especiales, todos metidos en aquella aula cuyas reducidas dimensiones hacían que nuestros espacios vitales se mezclaran inevitablemente. Recuerdo las competiciones de cálculo mental o los concursos de dos grupos capitaneados siempre por Eva y yo, siempre en rivalidad, siempre en constante lucha por ver quién de las dos sabía más. No parecíamos destinadas a ser amigas, pero lo fuimos, y bien si la amistad se rompió hace tiempo no sería justo ni lógico no hablar de ella. Escribir es volcar todas nuestras emociones, con sinceridad y con veracidad, nos duela o no. Quisiera acordarme de todos pero como siempre las afinidades hacen que tengas a unos más presentes que a otros. Niñas creo recordar que éramos pocas: Genoveva, Luisa, Marta, Eva, Eli y Esther que nos dejó terriblemente pronto. Y luego estaba la tropa masculina: Iván, David, los dos Javis, Jose, Carlos, Toni, Mancebo, Joan Manel… Recuerdo también  los días en que tocaba correr en clase de gimnasia. ¿Es que había alguien que corriese de verdad? Yo solo consigo acordarme de los paseos y las charlas, y las broncas de Xavi cuando nos pillaba de relax por las urbanizaciones de Vallirana. Margarita se fue al final de ese mismo año en busca de su sueño y hoy enseña en la Universidad de Viena. Tercero se convirtió en cuarto y con el nuevo curso llegó Julià. Aún conservo por ahí la postal de navidad que nos hizo pintar ese año. Cuando de que con ella, os la colgaré en el grupo.

Luego aquel pequeño mundo se disolvió y quedamos divididos de nuevo en las tradicionales A y B. Para mí se rompió mi pequeña burbuja de seguridad y me pasé el resto de años intentando sobrevivir en un medio que empezaba a parecerme hostil. Pasé mis dias de EGB asediada continuamente con complejos y agobiada por una marea incesante de “torturas”. Ahora lo llaman bulling o acoso escolar, antes solo eran peleas de niños. Cristina, me dijo una vez que no era la imagen que proyectaba, pero solo nosotros mismos conocemos nuestros demonios internos y de cuantos mecanismos de defensa echamos mano para continuar avanzando. Curiosamente, además de mi inseparable Marta y de Eva, Dámaris vino a unirse a la lista de mis más queridas amigas. Y digo curiosamente, porque para mí ella era la antítesis de lo que era yo. ¿Como hacía para ser tan terriblemente guapa, lista y encima jugar tan bien al futbol? Jajaja. Y no es que fuera incompatible, era simplemente que lo tenía todo y todo lo hacía bien. Supongo que por eso nos unimos a gente completamente opuesta, porque en cierto modo, complementa nuestras carencias. Y como en un salto en el tiempo, mis segundos recuerdos empiezan en sexto. Las tardes en casa de Dámaris, las miles y miles de rumbas que escuchábamos, las excursiones… Y recuerdo también los dibujos que Carolina nos hacía a Eva y a mí, que tenían un curioso gusto por lo gore. Seguro que si lee esto y se acuerda, estará riéndose de lo grande. Recuerdo mucho a Alex también. Su pérdida dejó un terrible hueco entre los que estábamos más cercanos a él. Supongo que haberme encontrado para comer un mes antes con él y con Eva hizo más duro la incomprensión de todo lo que pasó y me ha dejado el resto de mi vida con ese sabor amargo que deja la dolorosa pregunta:  ¿cómo es que no vi nada llegar? Nos quedó su mirada azul cielo y tantos y tantos momentos geniales con él, sobretodo esos mágicos días de fin de curso por las calles de Florencia y Venecia.


Tengo muchos nombres en la cabeza: Maribel, Eli, Carlos, Masmitjà, Raúl, Rosi, los Oscar, Montse, Esther, Cristina, Dani, Ramón, Bea, Sonia, Carlitos (si si tu Antolin) , ¿pero como recordar a mi vecino de toda la vida con otro nombre?...Y tantos más. Y Porki! Jajaja. Que ridículo me parece hoy y cuanto me atormentó en su momento. Por suerte y gracias a los amigos mi particular “moving” tuvo el efecto inverso, y si bien la inseguridad y la falta de confianza han estado alguna vez presentes en mi vida, salí fortalecida. Ahora con treinta y seis años los complejos, se reducen a la grasa y la celulitis, y los recuerdos de aquellos ocho años quedan a verdaderos momentos de alegría, de aprendizaje y de amistad. La distancia personal siempre te hace ver las cosas con perspectiva. Hoy la distancia física de 1300 km que me separa de todos vosotros hace que sienta que los verdaderos amigos cuando están, están siempre. Hoy se llama Facebook, mañana quien sabrá, pero espero que podemos encontrar siempre ese espacio privilegiado donde recordar que un día fuimos niños felices, despreocupados e inocentes.

viernes, julio 05, 2013

Un lugar de evasión llamado Libro


Llevaba meses sin leer nada que no tuviera que ver con mis estudios de arte y, aunque apasionante lectura también, empezaba a echar de menos una buena novela. Creo que fue en noviembre cuando compre a través de Kobo el formato digital de Las Luces de Septiembre de Carlos Ruiz Zafón. Soy de esas personas ancladas en cosas que la mayoría de personas consideran obsoletas, razón por la cual me resistía a leer un libro en una tablet. Finalmente me dejé tentar y encontré dos excusas para justificar la compra: la primera que el libro resultaba bastante más barato que en una librería, y la segunda, que me permitía leer al lado de Alexia los días que el sueño se le resistía, sin necesidad de encender la luz; sirviéndome de maneran suficiente con la claridad regulable de la pantalla. No salí decepcionada de la experiencia pero reconozco que nada como el placer de tener entre tus manos ese montón de hojas, con su tacto y olor particular. Así que dejo Mantano, Kobo o Aldiko para libros de lectura académica en los que, gracias a la tecnología de dichas aplicaciones, puedes subrayar, escribir notas y hacer búsquedas. También aprovecho otra gran ventaja de estos lectores digitales: los libros gratuitos. Evidentemente la gran mayoría son obras clásicas, pero que gran placer poder disfrutar de Dickens, Verne o Poe gratuitamente! Aunque, en contrapartida, no puedo más que lamentarme que tales prodigios de la literatura estén recluidos en bibliotecas electrónicas por el módico precio de cero euros.

¿Cuándo compro libros? En primer lugar, cuando voy a una brocante. Las brocantes son mercadillos de segunda mano típicos del país. Y digo típicos porque hay durante todo el año y por todas partes. Una verdadera cultura del vide-grenier, cuya traducción no encuentro, pero que literalmente significa, "vaciar el desván". Algo parecido a nuestro rastro pero a gran escala. Encuentras realmente de todo, y entre todo, libros. Algunas brocantes están especialmente dedicadas a la venta de libros, y cuando tropiezo con una de ellas, es como encontrar el paraíso en la tierra. Los precios son irrisorios, en beneficio de mi bolsillo ya bastante perforado, aunque después de la transacción siempre queda el mismo amargo sabor antes mencionado, cuando acabas de adquirir Veinte mil Leguas de viaje submarino por un euro cincuenta. Y más  tratándose una edición única con increíbles grabados de esos que cada vez se ven menos en los libros. El segundo lugar donde compro libros es en Belgique Loisirs, el equivalente belga del El Círculo de Lectores, donde al igual que en España, el único compromiso es comprar un libro cada tres meses. Como ya tocaba y la nostalgia de la ficción se hacía grande, opté, la semana pasada,  por el último de Dan Brown, Inferno, que para mi gran tristeza se haya ya colocado en la sección de “leidos” de mi biblioteca personal. Qué gran momento de evasión cada vez que me sumergía en esa alocada carrera por Florencia, en la que el misterio se mezclaba con el arte y gracias a la cual afloraban tantos recuerdos de aquel viaje de fin de curso a Italia.

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro” afirmaba Emily Dickinson. Y yo añado, con mi particular y poco comprendido sentido del humor que, en estos tiempos de crisis, para algunos, es casi la única forma de viajar que tenemos. ¡Pero qué gran verdad! Verdad solo comprendida por aquellos que llevan la pasión de la lectura en las venas. Para todos esos amantes: ¿quien no ha cogido un libro y ha puesto un rostro en la cara de sus personajes, dejando que el tiempo pase como si una película pasara frente a sus ojos y saliendo después como de un sueño, cuando la realidad nos obliga a poner el marcador de página para continuar más tarde? ¿Quien no ha sentido tristeza al finalizar aquella historia que le ha hecho llorar y emocionarse, que le ha enseñado algo que desconocía o de la que soñaba ser protagonista? ¿Quien no ha sentido pena de decir adiós a ese protagonista convertido en amigo dejándonos el deseo callado de conocer alguien así algún día? ¿Y quien no ha viajado? ¡Son tantos los países, lugares y épocas que he visitado! El Madrid de la postguerra en Edad Prohibida, el África convulsa de Karen Blixen en Memorias de Africa, e igual de convulsa de Dian Fossey en Gorilas en la niebla, la Inglaterra del siglo XII de Ken Follet en Los pilares de la tierra, la mansión Thornfield de Charlotte Brontë en Jane Eyre, la Barcelona misteriosa y gótica de Carlos Ruiz Zafón en La sombra del Viento y sus novelas hermanas, la selva amazónica en El Origen perdido o la magnífica China en Todo bajo el cielo , ambas de Matilde Asensi. En realidad podría seguir horas y, seguramente descubriría asombrada, que he viajado por más de medio mundo.

Los libros han sido siempre para mi fuente de inspiración, de aprendizaje, bote salvavidas y por supuesto, lugar de evasión. A veces por la noche, cuando el frecuente y cansino insomnio me desvela y bajo a prepararme una infusión, entro en el pequeño cuarto transformado en despacho y observo las dos estanterías que forman mi pequeña colección. Recorro con mis ojos los estantes maniáticamente clasificados por temas y al azar saco algún libro de los que tengo pendientes. Me siento frente a mi escritorio y ojeo unas páginas. Leo el primer pasaje y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Ya estoy dentro. Y poco a poco la lectura me devuelve al mundo de Morfeo, que mi cuerpo se resiste tan duramente a visitar. Porque la magia de las palabras me envuelve en una burbuja en la que la realidad se torna ficción y la preocupación se torna ocupación.  Entonces transportada, me dejo llevar y por fin…duermo.

miércoles, junio 12, 2013

Lecciones y reflexiones

Me he dado cuenta, con algo de tristeza, que no escribo desde enero. Escribir siempre ha sido para mí una ayuda en muchos sentidos aunque a veces dudo acerca de la continuidad de este blog. Jamás podría dejar de escribir pero dudo si realmente sea acertado compartir lo que escribo. Este blog nació hace ya muchos años y en la primera entrada que escribí quise dejar claro el porqué de su titulo. Nació cuando Internet se convertía en el boom de las relaciones sociales y en la opción para exprimirse más allá del ámbito personal. No nació con ninguna temática en concreto, solo quería ser un espacio donde explicar cosas cotidianas y sentimientos cotidianos, es decir, mi vida cotidiana. Creí que compartirlo podría ayudar a mis posibles lectores a enfrentar las dudas, miedos, desafíos y las pruebas que la existencia nos depara. No pretendía que mis reflexiones fuesen una doctrina pero pensaba que quizás las personas se identificarían con las vivencias de algunas entradas y eso las ayudaría a sentirse menos solas, más comprendidas y quizás les daría, de vez en cuando, una idea de cómo seguir adelante pese a los baches. Hoy después de tantos años, compruebo, sobre todo gracias a Facebook, que compartir es un arma de doble filo. Sé que algunas personas siguen mi blog y para aquellas que no lo hacen he cogido por costumbre compartir el enlace de cada nuevo escrito en mi muro. Pero quizás no he tenido en cuenta, que no todo el mundo entiende mi manera de ser, de pensar, ni mis razonamientos. Estoy cansada de pasar por una persona depresiva solo por tener el coraje de hablar de las cosas difíciles de la vida, aunque se bien que evitaría ciertos disgustos si escribiese únicamente para mí. Me entristece pensar en abandonar algo que hace tantos años que existe, en cerrar este espacio de "encuentros", en privar a los pocos que disfrutan de mis escritos de ellos. Y supongo que me puede más el respeto por esas cuatro personas que me leen y mi reconocimiento hacia ellas que todo lo que puedan pensar ciertas mentes que no llegan a donde llega mi espíritu; o que ven la vida con la mirada de la simplicidad, lo cual respeto enormemente, pero que les conduce a juicios equivocados sobre como yo veo y siento las cosas. Y sobre todo, a juicios equivocados sobre como soy.

Es tiempo de reflexión. O más bien, son días de reflexión. Quitarme de encima el periodo de exámenes me ha dejado esa sensación de alivio que vivía en mis ya lejanos años universitarios. La diferencia es que no tengo veinte años y detrás no vienen unas bien merecidas vacaciones sino mas bien tres largos meses de verano donde decidir muchas cosas. Dejo atrás un examen en blanco y una lección aprendida:  hasta donde debemos ponernos metas ?

Llevaba días planteándome primero si presentarme, y luego, simplemente, la continuidad en la UNED. Los últimos meses, terriblemente duros por circunstancias que pertenecen a un ámbito muy personal, me habían traído como principal consecuencia una total falta de preparación para dicho examen. Solo dos asignaturas este año y, pese al excelente de la primera, no hacia más que ver ante mí el aplastante fracaso de esta última. Decidí hace un año estudiar lo que debí escoger hace quince, y lo hice consciente de que era más como un hobbie y una válvula de escape; algo con que tener ocupada la cabeza en las horas de soledad e insomnio. Pero poco a poco me lo puse como una meta más en mi vida. Porque no convertirlo en una nueva salida profesional, aunque tardía? Las semanas previas al examen no resultaron mejor que los meses previos. La falta de sueño, la salud con terribles altibajos y la acumulación de, llamémoslo, percance tras percance, me convencieron a dos días del examen de que mejor era no presentarse. Podéis pensar que solo se trataba de un examen pero dado que debo hacerlo en Bruselas y que mi red de apoyo es escasa, supone todo una complicada organización que acabó resultando innecesaria. Pero mi yo interior me decía que lo intentase, que tentase mi suerte con el estudio selectivo de temas que había hecho, que yo nunca me rendía, que si no lo intentaba me arrepentiría al menos todo el verano, etc, etc, etc... Os dais cuenta cuantos tópicos en una s pocas  frases? Porque forzarse cuando uno no siente el coraje o cuando sientes y sabes  que vas a fracasar? Creo que ponerse metas y luchar por ellas es signo de coraje y voluntad pero, no es valiente también reconocer que no se puede llegar a más, que no pasa nada por rendirse de vez en cuando y que no hay nada de vergonzoso en el fracaso. Nos obligamos a diario a "llegar a todo" porque creemos que sentirse realizado es cumplir sus metas, pero donde está el límite entre realizarse y sobresforzarse?

"No hay más limites que los que se impone uno mismo", leí hace poco en facebook; una de esas miles de frases que rondan por las redes sociales. Cuando uno lee algo así lo primero que piensas es en el carácter automotivante y te dices es "cierto yo puedo". Le di el sentido positivo y glorioso que seguramente le dieron muchos facebookeros. Luego, tras leer el examen, renunciar y esperar la media hora reglamentaria que exige la UNED para entregar las hojas, empecé a pensar en ella. Con treinta minutos por delante y como única vista el cielo gris amenazante de tormenta que veía desde la ventana, mi cabeza empezó a repetir la frase. Creí que trataba de autoconvecerme de que podría sacar algo de aquel examen y entonces de golpe comprendí: "...mas limites que los que se impone uno mismo...". Yo me había impuesto los míos dos días antes al decidir de ir a la convocatoria de septiembre pero la obsesión por las metas, el miedo a la frustración, a la decepción y al fracaso me habían llevado hasta allí, y ahí estaba, plantada como un monigote observando encima, como si fuera una mofa de la vida, más de un alumno bloqueado, otros tantos en igual situación que yo esperando la tediosa media hora sin escribir una línea y una pareja delante sacando chuletas y copiándose mutuamente.

Imponerse metas no significa que estas sean grandiosas y reconocer sus límites no implica que estos tengan que ser desmesurados. No es una frase que invite solo a la lucha sino también a la rendición, a reconocer cuando por diferentes circunstancias no se llega a lo que en otros momentos se hubiese llegado. Puede parecer estúpido que un simple examen derive en tal reflexión, pero de las cosas simples sacamos las grandes lecciones. Me hubiese evitado, entre otras cosas, un tedioso viaje hasta Bruselas de más de una hora y la decepción de Jona en el coche al comunicarle el resultado, no porque hubiese suspendido, sino mas bien por su temor a que mi decepción fuese aun mayor y eso me dejase más desmoralizada de lo que llevaba últimamente. Solo para qué? Para demostrar que puedo tener éxito en todo lo que hago? Demostrárselo a quien? Lo cierto es que las metas que nos ponemos son muchas veces mecanismos de defensa camuflados. Conseguirlas nos da, a veces, la falsa sensación de que todo va bien en nuestras vidas solo porque hemos logrado algo que nos hemos impuesto. La metas son un temporizador que mantiene en espera otros muchos problemas que tenemos en la vida. Lo peor es cumplirlas y descubrir que llegada la hora cero todas esas cosas que tratábamos de olvidar con nuestro objetivo siguen ahí, cosas cuyo enfrentamiento volvemos a posponer con nuevas metas. Explicado con un toque de humor seria como las vacaciones. Nos pasamos el año con problemas, de dinero, de trabajo, de fatiga. Y ponemos nuestra mira en las vacaciones. Nos decimos que pronto llegarán, que descansaremos, recuperaremos fuerzas...es nuestro objetivo, otro tipo de "meta" para camuflar y soportar la pesarosa cotidianidad. Pero cuando ese mes de playa y sol ha pasado, la realidad con todos sus problemas sigue ahí, a la vuelta.

Quizás las principales metas que deberíamos cumplir son las que se presentan cada mañana al levantarnos, las del día a día. Y no dejar de imponernos otras más especiales, más grandiosas, ni más ambiciosas. Pero sin convertirlas ni en mecanismo de defensa para huir de la realidad, ni en obsesiones, ni en esfuerzos físicos inconmensurables. Y sobre todo sin olvidar que la meta más grande después de lograr sonreír cada día es simplemente, vivir.


Dulce sueños lectores.

martes, enero 29, 2013

Píscina Dorada


Todos tenemos una época dorada. Normalmente coincide con nuestra adolescencia y en mi caso, el nombre es más que oportuno si tenemos en cuenta que esa época transcurrió en un complejo de apartamentos llamado "Piscina Dorada" a apenas doscientos metros de la playa. Para mis hermanas y yo se convirtió en el sueño, también dorado,  de muchos adolescentes: tener una segunda residencia en la playa y un grupo de amigos de verano. Fue posible gracias a mis abuelos, que adquirieron el apartamento tras su jubilación. De otro modo, como familia modesta que éramos, jamás hubiésemos podido disfrutar de todos aquellos veranos.

Aún recuerdo los primeros días en que llegamos. Las plazas de parking eran todavía un conjunto de túmulos de tierra revuelta y los palés de madera te facilitaban la entrada al portal. El apartamento era un caos de cajas y muebles por colocar por lo que las comidas las hacíamos a la bonne franquette (al estilo camping) y nuestra dieta se basaba en sándwiches de Paté La Piara y jamón serrano. Es curioso ver como las marcas de los productos quedan directamente asociadas a tus recuerdos. Yo tenía diez años y Marce y Nieves, ocho y doce respectivamente. El primer día que nos colgamos la toalla al hombro, y nos dirigimos hacia la piscina, estábamos emocionadísimas. No había mucha gente, los propietarios empezaban a llegar a cuentagotas, esperando supongo, que las obras estuviesen concluidas. Había un pequeño grupo de niños, que no recuerdo quienes eran, salvo uno: por su corpulencia y porque se nos presentó algo así como el terror del barrio. Para los que no habéis caído aún se nombre no era otro que Sebas. Nos dijo todo muy serio que debíamos tener cuidado pues mucha gente se había matado en aquella piscina. Supongo que aquello hubiese debido impresionarnos pero una de las tres, no recuerdo quien, le dijo naturalmente: "si es el primer día que la abren".  Ni que decir tiene que no cesó en su acoso. Con el tiempo acabamos adorando a ese gamberrillo con aire de duro pero bonachón como el que más, aunque yo me seguí negando durante años a jugar  al Tiburón cuando a él lo tocaba hacer de escualo: era tal el pánico que me entraba cuando lo veía venir con su fuerza bruta a agarrar mis pies que echaba a correr hacia la toalla. Aún recuerdo cuando se dejó caer con toda su fuerza haciendo una bomba sobre mi abuela. Por poco no me la ahoga!

Luego fuimos conociéndonos unos y otros y el grupo se formó de manera natural con sus estereotipos incluidos. Un grupo que se precie los tiene. Yo me clasificaba en la parte de los tímidos e inseguros, aunque en ese momento no lo pareciera. Como nos ven  los demás y como nos sentimos pueden ser dos cosas opuestas y todos sabemos que la mejor manera de luchar contra los miedos o la marginalidad es fingir ser quien no eres. En ese sentido Bea tuvo una enorme paciencia. Nos hicimos inseparables enseguida aunque la memoria sigue fallándome y no recuerdo el inicio de nuestro encuentro. Espero que un día ella me refresque la memoria. Pero ella era abierta y yo todo lo contrario. Quería integrarse en el grupo y yo mantener  nuestro dúo personal y en muchísimas ocasiones aceptaba quedarse a mi lado solo porque el miedo al rechazo de los demás me impedía hacerme más accesible. Con el tiempo eso cambio, pero siempre la quise solo para mí. No me avergüenza decirlo así. Fue mi amiga del alma. Esa amiga que entra en tu vida en un mundo aparte al cotidiano. La amiga con la que hablaba dos veces por semana por teléfono a la espera de reencontrarnos de nuevo uno de los fines de semana, ya fuera verano o invierno. La amiga a quien contaba todo y de quien tenía una foto y una dedicatoria en la carpeta del colegio y que mostraba a mis compañeros con el orgullo de quien tiene un tesoro. La amiga a la que picaba en el 3° 1a todos los días en verano después de comer. Esas amigas que le dan sentido, cuando aun no comprendes nada de la vida, a la palabra amistad. Y junto con Bea llegó ese nutrido grupo de personalidades diferentes  que, en fila india, paseaban por el paseo de Comarruga  hasta el cine-teatro para sentarse en sus butacas a ver "Sufre Mamón" e insultar a gritos a la estúpida e infiel novia de nuestro tan amado David Summers y cantar después al unísono  "nunca hemos sido los guapos del barioooo!!!..." No éramos chicas cocodrilo, demasiado inocentes aún para ello, pero ya soñábamos con esas historias de amor adolescentes que viviríamos no una, sino varias veces.

Podría hablar de tanto y de tantos, pero quizás dejar que los demás recuerden también sean una buena idea. Seguramente olvide mencionar a muchos, esta vez no porque me falle la memoria, sino porque la vida nos acerca a unos más que otros, y eso se hace de una manera natural, difícil de controlar. Algunos se te graban en la mente simplemente porque eran lo opuesto a ti y su caracter jovial despierta cierta envidia y admiración callada. Recuerdo a Montse y María del Mar. Luz María siempre me había parecido menos accesible aunque con los años me di cuenta que era yo la que no se acercaba: veía en ella una muñequita preciosa que desataba el terrible complejo de fealdad que me invadió durante años. Tontamente creía que, lejos de aquellos que destacaban por su belleza, dejaría de sentirme tan poco agraciada. Que ridículos me parecen hoy los complejos de  juventud! Sin embargo Monste y María del Mar tenían esa sonrisa, esa chispa y esa alegría que te decían en silencio: " ven acércate, no tengas miedo". Eran tan alegres y tan locas. Resultaban como un bálsamo de felicidad, como si tuviesen escrito en la frente "hoy vamos a pasarlo bien". Estaban también Manolín y Juanito. Y me vais a perdonar los diminutivos pero no podría escribir sobre ellos sin llamarlos así, con su amistad inseparable, sus inmersiones y sus arpones. Son la viva prueba de que los sueños de juventud son los más reales, los que viven en nosotros, los que se pueden llegar a cumplir con perseverancia. Ahí tenemos a Juanito con su prospera empresa, pero lo más importante, inseparable de su gran amigo Manolin algo que me produce una enorme admiración y una sana envidia. No todos hemos logrado mantener cerca a los que un día quisimos. Los dos Sergios también están siempre en ese baúl de recuerdos que es mi cabeza: uno mi primer amor de juventud, el otro mi amigo inseparable con el que compartíamos la pasión por la escritura que yo aún mantengo. Quisiera saber si él también.  Y Abel, mi primera relación sentimental larga. La anécdota con él transcurrió hace unos años cuando, al agregarle a facebook, me pregunto quién era. Pensé divertida que a veces no vivimos igual el impacto que nos produce la gente, que el que producimos, pero más divertida aún fue su respuesta cuando le contesté: "ostras si! ya recuerdo! fuiste mi primer beso!" 

Hay tanta gente más. Tantas cosas que recordar. Belén, Yolanda, Jorge, Cristina, María, Sonia, Sandra, Chari, Kiko, Silvia, Juanjo, Susi... Están los paseos al Roc y los saltos desde la roca, algo que jamás hice entonces y que solo me aventuré a hacer  hace cuatro años con Jona, justo antes que vallaran la zona para impedir que nadie se rompiera la cabeza. Están las fiestas de los apartamentos, con sus trípticos tan bien trabajados por la Comisión de Fiestas, repletos de actividades: los torneos de parchís, la rana, las ginkamas, la petanca, la cucaña... y nuestros concursos de Miss Piscina Dorada que nuestra guapísima Sonia sabia llevarse como nadie. Y luego el colofón final con las cocas, el cava y la orquesta. Qué ambiente único, para una época única. Tengo muchos más recuerdos, seguro que vosotros también. La vida nos ha traído a algunos muchas tristezas, algunas demasiados recientes, pero guardar esa época en la memoria suaviza las penas y nos recuerda que un día fuimos felices de la manera más sencilla e inocente que hay. Debería estar con mis libros preparando el examen de Historia Antigua retrocediendo más de tres mil años, en lugar de eso, he decidido hacer un kit-kat y retroceder solo unos veinte para recordaros a todos que un día tuvimos la enorme suerte de vivir nuestro "Verano azul".

Con cariño.

sábado, noviembre 03, 2012

Ellas


Hace unos días, en un mail a mi hermana pequeña, le dije que ya no tenía con quien hablar. Supongo que entre el dolor del momento y metida en esa soledad que a veces se apodera de ti, precipite mis comentarios y también mi reacción. Supongo que lo que quería decirle en realidad es que deseaba mucho hablar con ella pero creo que hay que respetar el silencio de cada uno y dejar que los muros que se crean vayan cayendo por si solos.

Sin embargo anoche, reflexionando en la calma de mi sofá, y conectada como llevo haciendo hace semanas a facebook, cosa que antes apenas si hacía, me di cuenta de que no es cierto, de que si tengo con quien hablar, de que hay personas dispuestas a escucharte y leerte siempre y no valorar ese privilegio y auto compadecerte  es una falta de respeto a todas ellas.

Y de ellas voy a hablaros. En femenino, y no porque no haya un "ellos", como Jona o como Jose sino porque las personas que quiero inmortalizar con este escrito son cada una algo así como mi patrimonio histórico personal: amistades que perduran en el tiempo, que son bellas y que no se rompen nunca. Son como yo las llamo, mis niñas.

No puedo evitar empezar por Marta. Sería imposible hacerlo de otra manera. A los cinco años ya éramos vecinas de calle y subíamos al colegio juntas. Cuando me peleaba en casa cruzaba los pocos metros que separaban los edificios donde vivíamos y le atosigaba con mis penas que hoy me parecen tan ridículas. Su madre, es lo más parecido a una tía que tengo. Siempre aguantando las locuras de la insensata amiga de su hija. Seguramente estaba en desacuerdo en muchas ocasiones pero nunca dijo nada al respecto. Y los años pasaron y pasaron. Treinta años después y unos 1300 km. más lejos, mis llamadas son casi diarias. Creo que solo este último año he llorado con Marta, quizás porque los acontecimientos me sobrepasaban, pero hasta entonces siempre que conversábamos nuestras charlas estaba llenas de ironía y nos reíamos de todas las desgracias que pasábamos y con algo de malicia despotricábamos de todo aquel que estorbaba en nuestras vidas. Una vez, leyendo el horóscopo azteca en una revista, encontramos que su signo correspondía con el dios Txotli. Yo por derivación lo transforme en Chochi. Y así se quedó para siempre su nombre. Nos reímos un buen rato pero desde entonces es mi Chochi y yo su Patatona. El coraje de todo lo que enfrenta me da coraje a mí. Es un ejemplo de persona y de amiga. Y siempre está ahí.

Y ahora llegan Moni y Anita. No puedo separarlas porque siempre nos he visto como un conjunto. Una amistad de lo más peculiar que se creo entre servicios, copas, platos y cubiertos. Peculiar porque somos tres personas completamente diferentes que el día a día del restaurante juntó y no ha vuelto a separar. Peculiar por ejemplo, porque yo hice el COU con Moni y jamás cruzamos una sola palabra. Ella era alegre, guapa y divertida. Esas personalidades que arrastran como un imán a cualquiera, mientras yo apenas sobrevivía escondida con mis complejos, mi último año de instituto. Anita me pareció enseguida más accesible, más niña y más inocente. Era también una trabajadora incansable, buena con todos y divertida. Ella fue el enlace entre Moni y yo, porque gracias a ella comprendí que Moni era todo lo que yo veía en el instituto y mucho más. Era una loca llena de vida y de bromas, directa si alguien le tocaba las narices y capaz de darle con una sartén a alguien para defender a una compañera de trabajo. Y así empezó ese trió peculiar. No se han ido jamás de mi lado: un mail, un chat, una cena cuando me dejaba caer por España. Son un ejemplo de cómo las diferencias muchas veces nos acercan. Y siempre están ahí.

Y llegó la Universidad. Y con ella, Laura. Otro caso curioso. Muy parecido al de Moni ya que mi primer año apenas intercambié un "hola" con ella. Era como un "deja vu" de lo que me pasó en el instituto con Moni. Guapa, segura y divertida. Yo me hice mi propio grupo, pero pronto descubrí que eran personas que tenían la vida demasiado pautada y si olvidaban de la espontaneidad. No recuerdo muy bien como se inició nuestra amistad en segundo curso pero creo que tuvo algo que ver con el hecho de sentarnos juntas en una fila de sillas que en lugar de estar frente al profesor, se hallaba en paralelo al lado izquierdo de éste, colocada encima de la especie de tarima de teatro que le servía para dar clases. Estábamos pues, expuestas, al resto de alumnado y parecíamos más bien profesoras adjuntas. Y un día, mirando hacía la multitud a la que nos hallábamos expuestas, una chica hizo una pregunta. Entonces me fije que su flequillo por alguna extraña razón de la naturaleza se había quedado tieso. Inmediatamente me acordé de la escena del semen-gomina de "Algo pasa con Mari", peli de moda por entonces, y se lo susurré a Laura y a su compañera Mónica. Nos entró tal ataque de risa que empezamos a llorar y éramos incapaces de parar. Y como un efecto dominó la clase entera empezó a reír sin saber de qué, solo de vernos reír y reír como locas. No nos expulsaron de la clase, creo que hasta nuestra profesora de Trabajo Social hacia grandes esfuerzos por no compartir esa risa desmesurada y contagiosa. Tengo un recuerdo preciosa de Laura: el día que llenó un aula de globos para mi cumpleaños, me colocó un pastelito con una vela y me dio la sorpresa con una postal y varios amigos. Ahora es mamá como yo. Ella es el ejemplo de que las verdaderas amigas pueden aparecer en un momento tardío en tu vida. Y siempre está ahí.

Pero a veces las personas se instalan en tu vida muy tempranamente y se crean unos lazos que pesa a la edad y la brevedad del encuentro te cambian la vida para siempre. Ella se llama Margarita y fue mi profesora de tercero de EGB. Era dulce, cariñosa y siempre vio en mi alguien diferente. Solo tenía ocho años y era una acomplejada niña a la que todos llamaban "Porky". El hecho de que alguien viera más allá de esa inseguridad me fascinó. Cuando se fue me prometió escribir, y lo hizo. Primero fueron postales de navidad y luego cartas: de escritos a una pequeña niña perdida a folios llenos de consejo y comprensión hacia la adolescente caótica. De eso hace veintiocho años. Hemos cambiado las cartas ordinarias por el correo electrónico, eso nos permite mantener el contacto más rápido, sobre todo ahora que el cáncer pretende arrebatármela. Está cansada y lucha, pero nunca deja de escribir, pese a sus sesiones de quimio, sus miedos y sus tristezas. Nuestras vidas han sido muy semejantes. Casi como hermanas gemelas. Es mi profesora pero  se ha convertido en parte de mi vida. Ella es el ejemplo de que la amistad aparece en cualquier persona, pesa a la diferencia de edad, el momento y las dificultades. Y siempre está ahí.

Y quiero mencionar a alguien que me ha sorprendido los últimos días. Cristina. Apenas si nos hablábamos en EGB pero ella tomó la iniciativa de ponerse en contacto conmigo a través del chat al leer este blog. Me sorprendió ver la percepción tan equivocada que teníamos la una de la otra durante EGB y me sorprendió más aún descubrir cuantas cosas teníamos en común. Ella me recuerda muchísimo a mi cuando aún estaba en España. Me gusta su decisión, su independencia y su fortaleza de carácter. Lamento que nuestro error de percepción no nos permitiera conocernos mejor antes pero ella es el ejemplo que en cualquier momento puedes descubir una amistad inesperada, alguien que te escucha y con el que compartir pasiones y emociones. Ella está ahí ahora y le agradezco cada palabra y cada minuto que me dedica.

Así que si que tengo con quien hablar, quizás soy yo a quien le cueste hacerlo y admitir por tanto, ese giro en  mi carácter. Y sé que mi familia también está ahí, solo que quizás, en estos momentos, al igual que yo, necesitan que el tiempo se lleve tantos horrores y recuperar un poco la normalidad.

No estoy sola. Nunca lo he estado en mi vida. Soy afortunada. Ellas siempre están a mi lado: amigas, hermanas y madre. Quizás olvidé simplemente lo que un día se me dio tan bien: escuchar.

lunes, octubre 29, 2012

Seguir un camino


El de la lucha o el la rendición? El fácil y rápido o el intenso y complicado? El de la alegría duramente trabajada o el de la tristeza amargamente instalada en tu sofá? El de las risas o el de las lágrimas?

A veces puede parecer tan obvio y tan fácil escoger el camino correcto... Pero nunca lo es. Porque como bien escribí ayer "buscamos un salida y la seguimos...aunque no sepamos a donde nos lleva". 

No suelo ver mucho la tele. Prefiero la lectura, la natación o una partida al trivial. La maquina tonta solo me interesa si encuentro algún documental de arte o historia o si tropiezo por azar con alguna película excepcional. En cuanto a las series ni me molesto en esperar semana tras semana el episodio de las dos o tres que me interesan y paso a convertirme en una delincuente más, descargando sesiones enteras que veo después, a modo de maratón, bien cómoda en el sofá, uno de los tantos fines de semana grises y lluviosos de este país.

Soy seguidora de "Anatomía de Grey" y no por mi amor por los hospitales y menos aún por el conjunto rocambolesco e irreal de historias cotidianas que viven su protagonistas sino más bien por el modo en que son tratadas las relaciones humanas en la serie. Y sobre todo, por los monólogos de Meredith Grey al final de cada capítulo. Ayer hablaban de tomar las riendas, escoger un camino y de la duda de si es el correcto o no.

Porque quizás puedo escoger luchar, como vía mas lógica y en realidad, para horror de muchos al leer esto, la opción sea dejar de hacerlo, rendirse, dejarse caer, tocar fondo y entonces descubrir que ahí empieza la verdadera ascensión.

Quizás sea mejor escoger el camino más fácil y rápido porque lo que el cuerpo te pide en este momento no es un sobreesfuerzo sino la fortaleza de reconocer que has llegado a un límite en que las fuerzas te consumen y dejarte llevar por lo que venga sin pretender aparentar siempre que eres una superwoman.

Porque quizás necesites llorar, y llorar y gritar y enfadarte con la vida por lo que te ha hecho, y vomitar todo lo que estás guardando para que todas esas palabras se las lleve el viento y puedas sentirte al fin limpia y liberada interiormente.

Porque quizás necesites realmente estar primero infinitamente triste hasta no poder más para dejar paso luego de nuevo a la alegría, pero a una alegría real, sin sonrisas forzadas ni disfraces de payaso.

Los caminos que seguimos los escogemos cada uno pero a veces la sociedad nos empuja a escoger el más lógico o el más políticamente correcto. Quizás  haya más de uno, pero basándonos en la ley de opuestos y simplificando la cosa: esté el camino correcto y el incorrecto. Lo que no acabamos de entender a veces es que para llegar al primero es necesario escoger antes el segundo.

Eso no nos hace peores personas, ni más débiles, ni menos valientes. Eso nos convierte en personas que comprendemos que la vida es algo más que blanco o negro. En personas que no tenemos miedo a decir en voz alta un día "ya no puedo más", sin que eso tenga que significar que nos hemos rendido porque como no me cansaré jamás de repetir en este blog y en todas partes, la única emoción que debemos mantener intacta en nuestra vida es la esperanza.