sábado, julio 20, 2013

Erase una vez...E.G.B

Hace un tiempo publique una entrada, a petición de una amiga, de mi grupo de verano, amigos de los que disfrute desde los diez años hasta casi los dieciocho y con quienes retomé el contacto a través de Facebook. Mi hermana pequeña, una vez decidida a lanzarse al curioso mundo de las redes sociales, tomo carrerilla y creó un grupo llamado “Piscina dorada” en honor al complejo de apartamentos de Comarruga donde veraneábamos.

Y ahora creo que es tiempo de homenajear a todo esa pandilla heterogénea que fueron los compis de colegio durante los ocho años de la ya desaparecida Enseñanza General Básica. Los recuerdos me fallan bastante, supongo que la edad no perdona, y son sobre todo,  pequeños flashbacks que me vienen a la cabeza pero que siguen ahí imborrables como parte de la niña-adolescente que fui un día. Para ser sincera debería ser Dámaris quien se animara a escribir sobre toda esta etapa, por su más que impresionante memoria, por la colección inacabable de recuerdos materiales que conserva y por su talento para la escritura que estoy deseando que retome, seguramente para placer de más de uno. Estoy segura que el día que se anime nos hará viajar un poco más lejos de lo que mi memoria me permite.

Mi viaje en el tiempo empieza en tercero y muchos recuerdos están ligados a esa época, básicamente porque de antes apenas sabría contar nada. Como le dije hace poco a Jose, creo que es el único momento en que me sentí un poco Cenicienta y no la poco agraciada hermanastra, y eso, se lo debo tanto a Margarita como a ese pequeño grupo de personitas que formábamos la clase de 3°C, la clase “de los que nunca aprobaban”. Supongo que el hecho de ser pocos creo lazos especiales, todos metidos en aquella aula cuyas reducidas dimensiones hacían que nuestros espacios vitales se mezclaran inevitablemente. Recuerdo las competiciones de cálculo mental o los concursos de dos grupos capitaneados siempre por Eva y yo, siempre en rivalidad, siempre en constante lucha por ver quién de las dos sabía más. No parecíamos destinadas a ser amigas, pero lo fuimos, y bien si la amistad se rompió hace tiempo no sería justo ni lógico no hablar de ella. Escribir es volcar todas nuestras emociones, con sinceridad y con veracidad, nos duela o no. Quisiera acordarme de todos pero como siempre las afinidades hacen que tengas a unos más presentes que a otros. Niñas creo recordar que éramos pocas: Genoveva, Luisa, Marta, Eva, Eli y Esther que nos dejó terriblemente pronto. Y luego estaba la tropa masculina: Iván, David, los dos Javis, Jose, Carlos, Toni, Mancebo, Joan Manel… Recuerdo también  los días en que tocaba correr en clase de gimnasia. ¿Es que había alguien que corriese de verdad? Yo solo consigo acordarme de los paseos y las charlas, y las broncas de Xavi cuando nos pillaba de relax por las urbanizaciones de Vallirana. Margarita se fue al final de ese mismo año en busca de su sueño y hoy enseña en la Universidad de Viena. Tercero se convirtió en cuarto y con el nuevo curso llegó Julià. Aún conservo por ahí la postal de navidad que nos hizo pintar ese año. Cuando de que con ella, os la colgaré en el grupo.

Luego aquel pequeño mundo se disolvió y quedamos divididos de nuevo en las tradicionales A y B. Para mí se rompió mi pequeña burbuja de seguridad y me pasé el resto de años intentando sobrevivir en un medio que empezaba a parecerme hostil. Pasé mis dias de EGB asediada continuamente con complejos y agobiada por una marea incesante de “torturas”. Ahora lo llaman bulling o acoso escolar, antes solo eran peleas de niños. Cristina, me dijo una vez que no era la imagen que proyectaba, pero solo nosotros mismos conocemos nuestros demonios internos y de cuantos mecanismos de defensa echamos mano para continuar avanzando. Curiosamente, además de mi inseparable Marta y de Eva, Dámaris vino a unirse a la lista de mis más queridas amigas. Y digo curiosamente, porque para mí ella era la antítesis de lo que era yo. ¿Como hacía para ser tan terriblemente guapa, lista y encima jugar tan bien al futbol? Jajaja. Y no es que fuera incompatible, era simplemente que lo tenía todo y todo lo hacía bien. Supongo que por eso nos unimos a gente completamente opuesta, porque en cierto modo, complementa nuestras carencias. Y como en un salto en el tiempo, mis segundos recuerdos empiezan en sexto. Las tardes en casa de Dámaris, las miles y miles de rumbas que escuchábamos, las excursiones… Y recuerdo también los dibujos que Carolina nos hacía a Eva y a mí, que tenían un curioso gusto por lo gore. Seguro que si lee esto y se acuerda, estará riéndose de lo grande. Recuerdo mucho a Alex también. Su pérdida dejó un terrible hueco entre los que estábamos más cercanos a él. Supongo que haberme encontrado para comer un mes antes con él y con Eva hizo más duro la incomprensión de todo lo que pasó y me ha dejado el resto de mi vida con ese sabor amargo que deja la dolorosa pregunta:  ¿cómo es que no vi nada llegar? Nos quedó su mirada azul cielo y tantos y tantos momentos geniales con él, sobretodo esos mágicos días de fin de curso por las calles de Florencia y Venecia.


Tengo muchos nombres en la cabeza: Maribel, Eli, Carlos, Masmitjà, Raúl, Rosi, los Oscar, Montse, Esther, Cristina, Dani, Ramón, Bea, Sonia, Carlitos (si si tu Antolin) , ¿pero como recordar a mi vecino de toda la vida con otro nombre?...Y tantos más. Y Porki! Jajaja. Que ridículo me parece hoy y cuanto me atormentó en su momento. Por suerte y gracias a los amigos mi particular “moving” tuvo el efecto inverso, y si bien la inseguridad y la falta de confianza han estado alguna vez presentes en mi vida, salí fortalecida. Ahora con treinta y seis años los complejos, se reducen a la grasa y la celulitis, y los recuerdos de aquellos ocho años quedan a verdaderos momentos de alegría, de aprendizaje y de amistad. La distancia personal siempre te hace ver las cosas con perspectiva. Hoy la distancia física de 1300 km que me separa de todos vosotros hace que sienta que los verdaderos amigos cuando están, están siempre. Hoy se llama Facebook, mañana quien sabrá, pero espero que podemos encontrar siempre ese espacio privilegiado donde recordar que un día fuimos niños felices, despreocupados e inocentes.