lunes, marzo 03, 2014

Anoche soñé...

Mis despertares son como abrir los ojos todos los dias con el libro de Rebecca en la mano: "anoche soñé que volvía..." Apenas unas horas de sueño todos los dias pero perdida siempre, en ese breve espacio de tiempo, en un retorcido mundo onirico que me procura todavia menos descanso. Casi nunco son sueños agradables, en el mejor de los casos, extraños, tanto que a veces prefiero el terror a la rareza. A veces es un "volvía"... a mi tierra, a mis recuerdos dolorosos, a mis miedos...Los sueños están ahí para despertar ese subsconciente que nos forzamos a menudo en esconder, a veces como mecanismo de defensa, a veces para ocultar cosas que deseamos negarnos. Otras veces es sin embargo un "iba", porque en ese mundo irreal puedo visitar lugares en los que no he estado...como Noisy. Tampoco entonces el imaginario recorrido es agradable. Eso me entristece. Quizás el castillo me procura más ansiedad de la que me atrevo a reconocer. Quizás la aventura me fascina y me asusta a la vez. Quizás es solo el miedo a fracasar y verlo reducido a un montón de escombros. A veces me pregunto si mi mente trata de prevenirme de algo o es solo las divagaciones de quien apenas disfruta de cuatro horas de reposo nocturno.

Anoche soñe que volvia a mi playa. No habia sol, ni una suave brisa provocando un tranquilo oleaje. El paisaje era triste y casi aterrador. Y algo familiar. Desde el paseo y mirando hacia el horizonte una lancha de los guardacostas recorria el kilometro de playa. Habia una lluvia fina que contrastaba bastante con el gris oscuro del cielo y el fuerte viento. Me di cuenta que buscaban a alguien en el mar y de golpe yo misma me encontraba tratando de permanecer a flote entre el terrible oleaje. Veia la lancha, desde un punto de vista diferente, pero nadie me veia. Intentaba gritar, pero ni el más mínimo sonido salía de mi boca. Y como suele pasar, es en medio de ese terrorifico silencio que uno se despierta. Apenas unos minutos más tarde, sentada en la semioscuridad de mi habitación, recordaba porque me era tan familiar aquella escena. Estaba recreando un episodio vivido hace muchos años, en mi adolescencia, cuando sorprendida por el mal tiempo durante un paseo, la noticia de un joven desaparecido en el mar llegó hasta nosotros de boca de un grupo de personas que miraban, con el mismo horror que yo, los esfuerzos realizados por el personal de salvamento. Esta vez, era yo quien me ahogaba. Quizás no duermo no a causa del insomnio, quizás me aterra tanto sumergirme en ese mundo subsconciente que involuntariamente intento no dormir.

No dormir es un infierno, pero hacerlo y tener pesadillas continuamente, es el purgatorio. Si Freud tenía razón y cada sueño tiene un significado, entonces los mios me mandan infinitos mensajes que no se descifrar. Quizás soñar con la lluvia y no con el sol, con la oscuridad y no con la luz o con el infierno y no con el cielo no tenga porque significar necesariamente que algo no anda bien. Quizás los sueños solo recogen los pensamientos de toda la jornada mezclándolos, como si de un batido se tratara, con un poco de inquietud, un poco de realidad y un poco de fantasía. Quizás no significan nada o tal vez, lo signifiquen todo.

Entretanto veo llegar las noches lentamente, muy lentamente. La sensación de cansancio está ahí pero el sueño se me sigue resitiendo. Y cuando ni la música, ni la ducha, ni las infusiones, ni la lectura hacen efecto y por desesperación o fatiga recurro a los medicamentos, lo último que pienso es a que extraño lugar o a que momento en el tiempo me llevará el caprichoso Morfeo.