lunes, octubre 29, 2012

Seguir un camino


El de la lucha o el la rendición? El fácil y rápido o el intenso y complicado? El de la alegría duramente trabajada o el de la tristeza amargamente instalada en tu sofá? El de las risas o el de las lágrimas?

A veces puede parecer tan obvio y tan fácil escoger el camino correcto... Pero nunca lo es. Porque como bien escribí ayer "buscamos un salida y la seguimos...aunque no sepamos a donde nos lleva". 

No suelo ver mucho la tele. Prefiero la lectura, la natación o una partida al trivial. La maquina tonta solo me interesa si encuentro algún documental de arte o historia o si tropiezo por azar con alguna película excepcional. En cuanto a las series ni me molesto en esperar semana tras semana el episodio de las dos o tres que me interesan y paso a convertirme en una delincuente más, descargando sesiones enteras que veo después, a modo de maratón, bien cómoda en el sofá, uno de los tantos fines de semana grises y lluviosos de este país.

Soy seguidora de "Anatomía de Grey" y no por mi amor por los hospitales y menos aún por el conjunto rocambolesco e irreal de historias cotidianas que viven su protagonistas sino más bien por el modo en que son tratadas las relaciones humanas en la serie. Y sobre todo, por los monólogos de Meredith Grey al final de cada capítulo. Ayer hablaban de tomar las riendas, escoger un camino y de la duda de si es el correcto o no.

Porque quizás puedo escoger luchar, como vía mas lógica y en realidad, para horror de muchos al leer esto, la opción sea dejar de hacerlo, rendirse, dejarse caer, tocar fondo y entonces descubrir que ahí empieza la verdadera ascensión.

Quizás sea mejor escoger el camino más fácil y rápido porque lo que el cuerpo te pide en este momento no es un sobreesfuerzo sino la fortaleza de reconocer que has llegado a un límite en que las fuerzas te consumen y dejarte llevar por lo que venga sin pretender aparentar siempre que eres una superwoman.

Porque quizás necesites llorar, y llorar y gritar y enfadarte con la vida por lo que te ha hecho, y vomitar todo lo que estás guardando para que todas esas palabras se las lleve el viento y puedas sentirte al fin limpia y liberada interiormente.

Porque quizás necesites realmente estar primero infinitamente triste hasta no poder más para dejar paso luego de nuevo a la alegría, pero a una alegría real, sin sonrisas forzadas ni disfraces de payaso.

Los caminos que seguimos los escogemos cada uno pero a veces la sociedad nos empuja a escoger el más lógico o el más políticamente correcto. Quizás  haya más de uno, pero basándonos en la ley de opuestos y simplificando la cosa: esté el camino correcto y el incorrecto. Lo que no acabamos de entender a veces es que para llegar al primero es necesario escoger antes el segundo.

Eso no nos hace peores personas, ni más débiles, ni menos valientes. Eso nos convierte en personas que comprendemos que la vida es algo más que blanco o negro. En personas que no tenemos miedo a decir en voz alta un día "ya no puedo más", sin que eso tenga que significar que nos hemos rendido porque como no me cansaré jamás de repetir en este blog y en todas partes, la única emoción que debemos mantener intacta en nuestra vida es la esperanza.