La casa esta
terriblemente silenciosa a las cuatro de la mañana. Hay en este silencio una mezcla
de paz y de soledad, que invitan a la reflexión, a la meditación o…a la
escritura. Hace mucho que no escribo. Muchísimo. Odio sentirme desbordada por
la vida y el tiempo hasta el punto de
dejar de lado cosas que me apasionan como la lectura, la escritura o la
pintura. Abandonarlas significa abandonarme, olvidar poco a poco quien soy y
privarme de los únicos momentos en que la vida no me parece tan abrumadora. Pero
el tiempo pasa incontrolable estos últimos meses y voy perdida por un camino
con muchos senderos sin saber exactamente cuál de ellos tomar. No parezco yo. ¿Dónde me dejé esa seguridad, esa convicción de que siempre escogía
la dirección correcta? Es extraño que cuando mas confusa me siento más
convencida estoy que la vida mi guiara por ella misma. Porque la vida es
como una casa a diferentes horas.
Ser niño es
como la casa al levantarte por las mañanas. Al subir la persiana la luz entra y
todo empieza. Tienes ganas de comerte el día, te sientes con energía y saboreas
todas los pequeños placeres: el café, la ducha, una tostada… Luego llega la
adolescencia, a mediodía. Empiezas a ser consciente que tienes que hacer muchas
cosas y que tienes responsabilidades que cumplir: hacer la comida, lavar la
ropa, fregar los platos. Hay tareas más penosas que otras pero sabes que del buen
trabajo realizado dependerá que te sientas más o menos realizado. La edad
adulta viene con la tarde. El cansancio de todo lo realizado empieza a notarse
pero sabes que aún te quedan muchas cosas por hacer: la cena, el baño de tu
pequeña, los deberes… al final de ese momento necesitas sentarte a menudo en el
sofá para descansar de lo vivido y recapitular sobre tu día/vida. La segunda
madurez llega con la noche o la madrugada. Es cuando puedes acostarte
satisfecha de todo lo realizado, contenta contigo misma y acompañar tu reposo
con las melodías de tu vida. A veces esa segunda madurez te sorprende con giros
radicales en tu vida… son las cuatro de la mañana en la casa. No has perdido tu
tranquilidad ni tu satisfacción personal en lo que te has
convertido. Pero el descanso ya no es el mismo. Te levantas y escuchas el silencio.
Descubres que te gusta la soledad de ese momento, que pérdida o asustada, ya no
pierdes la calma. Descubres que la oscuridad ya no te asusta, que hay nuevos
placeres inesperados: una infusión caliente, una reflexión silenciosa o una
conversación inesperada de chat que te hace sonreír. La soledad no pesa, o
quizás pesa de manera más placida como si gracias a ella descubrieras cada día
mas cosas de ti, cuando ya creías saberlo todo. De la vejez no puedo hablar,
pero debe ser imposible compararla con los momentos dentro de tu hogar. En la
vejez se encuentra la verdadera libertad. Es ese momento donde ya lo aprendiste
todo y el único verdadero hogar que te queda esta en tu corazón. Es en ese
momento donde no hay muros, ni senderos confusos, ni reflexiones amargas, ese
momento donde dices, he vivido y…que vida!
Hoy a las
cuatro de la mañana mi segunda madurez me dice que me queda mucho que aprender y
por lo que luchar. Estoy asustada? Por supuesto. Intento apagar con la música las
cuestiones del alma pero ésta pregunta con tanta ansia que intento callarlas de
nuevo, esta vez escribiendo. Inútil. Inútil no preguntarse ¿por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?
¿Hacia dónde?...Y en medio de esta paz y de este silencio descubres
la gran premisa de esta gran época de tu vida: nada pasa por azar, la vida te trae
todo aquello que debe cruzarse en tu camino. Hay una razón para ello que solo tú
eres capaz de comprender. Debes dejar la vida actuar y no tener miedo de que te
lleve por senderos que jamás te habías planteado explorar. Ese es el camino que
te llevara a una vejez libre y en paz, donde podrás contar un día a tus
descendientes como encontrar sus propia casa, sus hogares, sus sitios y sus momentos; donde
podrás decirles que nada es fácil pero que no por ello cada hora que vives deja
de ser emocionante. Es el momento en que puedes decir: mi llamo Sonia y esta ha
sido la maravillosa vida que he vivido.
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