Hace unos días, en un
mail a mi hermana pequeña, le dije que ya no tenía con quien hablar. Supongo
que entre el dolor del momento y metida en esa soledad que a veces se apodera
de ti, precipite mis comentarios y también mi reacción. Supongo que lo que quería
decirle en realidad es que deseaba mucho hablar con ella pero creo que hay que
respetar el silencio de cada uno y dejar que los muros que se crean vayan
cayendo por si solos.
Sin embargo anoche,
reflexionando en la calma de mi sofá, y conectada como llevo haciendo hace
semanas a facebook, cosa que antes apenas si hacía, me di cuenta de que no es
cierto, de que si tengo con quien hablar, de que hay personas dispuestas a
escucharte y leerte siempre y no valorar ese privilegio y auto compadecerte
es una falta de respeto a todas ellas.
Y de ellas voy a
hablaros. En femenino, y no porque no haya un "ellos", como Jona o
como Jose sino porque las personas que quiero inmortalizar con este escrito son
cada una algo así como mi patrimonio histórico personal: amistades que perduran
en el tiempo, que son bellas y que no se rompen nunca. Son como yo las llamo,
mis niñas.
No puedo evitar
empezar por Marta. Sería imposible hacerlo de otra manera. A los cinco años ya
éramos vecinas de calle y subíamos al colegio juntas. Cuando me peleaba en casa
cruzaba los pocos metros que separaban los edificios donde vivíamos y le
atosigaba con mis penas que hoy me parecen tan ridículas. Su madre, es lo más
parecido a una tía que tengo. Siempre aguantando las locuras de la insensata
amiga de su hija. Seguramente estaba en desacuerdo en muchas ocasiones pero
nunca dijo nada al respecto. Y los años pasaron y pasaron. Treinta años después
y unos 1300 km. más lejos, mis llamadas son casi diarias. Creo que solo este
último año he llorado con Marta, quizás porque los acontecimientos me
sobrepasaban, pero hasta entonces siempre que conversábamos nuestras charlas
estaba llenas de ironía y nos reíamos de todas las desgracias que pasábamos y
con algo de malicia despotricábamos de todo aquel que estorbaba en nuestras
vidas. Una vez, leyendo el horóscopo azteca en una revista, encontramos que su
signo correspondía con el dios Txotli. Yo por derivación lo transforme en
Chochi. Y así se quedó para siempre su nombre. Nos reímos un buen rato pero desde
entonces es mi Chochi y yo su Patatona. El coraje de todo lo que enfrenta me da
coraje a mí. Es un ejemplo de persona y de amiga. Y siempre está ahí.
Y ahora llegan Moni y
Anita. No puedo separarlas porque siempre nos he visto como un conjunto. Una amistad
de lo más peculiar que se creo entre servicios, copas, platos y cubiertos.
Peculiar porque somos tres personas completamente diferentes que el día a día
del restaurante juntó y no ha vuelto a separar. Peculiar por ejemplo, porque yo
hice el COU con Moni y jamás cruzamos una sola palabra. Ella era alegre, guapa
y divertida. Esas personalidades que arrastran como un imán a cualquiera,
mientras yo apenas sobrevivía escondida con mis complejos, mi último año de
instituto. Anita me pareció enseguida más accesible, más niña y más inocente. Era también una trabajadora incansable, buena con todos y divertida. Ella fue
el enlace entre Moni y yo, porque gracias a ella comprendí que Moni era todo lo
que yo veía en el instituto y mucho más. Era una loca llena de vida y de
bromas, directa si alguien le tocaba las narices y capaz de darle con una
sartén a alguien para defender a una compañera de trabajo. Y así empezó ese
trió peculiar. No se han ido jamás de mi lado: un mail, un chat, una cena
cuando me dejaba caer por España. Son un ejemplo de cómo las diferencias muchas
veces nos acercan. Y siempre están ahí.
Y llegó la
Universidad. Y con ella, Laura. Otro caso curioso. Muy parecido al de Moni ya
que mi primer año apenas intercambié un "hola" con ella. Era como un "deja vu" de lo que me pasó en el instituto con Moni. Guapa, segura y divertida. Yo me hice mi propio grupo, pero pronto descubrí que eran personas que tenían
la vida demasiado pautada y si olvidaban de la espontaneidad. No recuerdo muy
bien como se inició nuestra amistad en segundo curso pero creo que tuvo algo
que ver con el hecho de sentarnos juntas en una fila de sillas que en lugar de
estar frente al profesor, se hallaba en paralelo al lado izquierdo de éste, colocada encima de la especie de tarima de teatro que le servía para dar
clases. Estábamos pues, expuestas, al resto de alumnado y parecíamos más bien profesoras adjuntas. Y un día, mirando hacía la multitud a la que nos
hallábamos expuestas, una chica hizo una pregunta. Entonces me fije que su
flequillo por alguna extraña razón de la naturaleza se había quedado tieso.
Inmediatamente me acordé de la escena del semen-gomina de "Algo pasa con
Mari", peli de moda por entonces, y se lo susurré a Laura y a su compañera
Mónica. Nos entró tal ataque de risa que empezamos a llorar y éramos
incapaces de parar. Y como un efecto dominó la clase entera empezó a reír sin
saber de qué, solo de vernos reír y reír como locas. No nos
expulsaron de la clase, creo que hasta nuestra profesora de Trabajo Social
hacia grandes esfuerzos por no compartir esa risa desmesurada y contagiosa.
Tengo un recuerdo preciosa de Laura: el día que llenó un aula de globos para mi
cumpleaños, me colocó un pastelito con una vela y me dio la sorpresa con una
postal y varios amigos. Ahora es mamá como yo. Ella es el ejemplo de que las
verdaderas amigas pueden aparecer en un momento tardío en tu vida. Y siempre
está ahí.
Pero a veces las
personas se instalan en tu vida muy tempranamente y se crean unos lazos que
pesa a la edad y la brevedad del encuentro te cambian la vida para siempre.
Ella se llama Margarita y fue mi profesora de tercero de EGB. Era dulce,
cariñosa y siempre vio en mi alguien diferente. Solo tenía ocho años y era
una acomplejada niña a la que todos llamaban "Porky". El hecho de que
alguien viera más allá de esa inseguridad me fascinó. Cuando se fue me prometió
escribir, y lo hizo. Primero fueron postales de navidad y luego cartas: de
escritos a una pequeña niña perdida a folios llenos de consejo y comprensión hacia
la adolescente caótica. De eso hace veintiocho años. Hemos cambiado las cartas
ordinarias por el correo electrónico, eso nos permite mantener el contacto más
rápido, sobre todo ahora que el cáncer pretende arrebatármela. Está cansada y
lucha, pero nunca deja de escribir, pese a sus sesiones de quimio, sus miedos y
sus tristezas. Nuestras vidas han sido muy semejantes. Casi como hermanas
gemelas. Es mi profesora pero se ha convertido en parte de mi vida. Ella
es el ejemplo de que la amistad aparece en cualquier persona, pesa a la
diferencia de edad, el momento y las dificultades. Y siempre está ahí.
Y quiero mencionar a
alguien que me ha sorprendido los últimos días. Cristina. Apenas si nos
hablábamos en EGB pero ella tomó la iniciativa de ponerse en contacto conmigo a
través del chat al leer este blog. Me sorprendió ver la percepción tan
equivocada que teníamos la una de la otra durante EGB y me sorprendió más aún
descubrir cuantas cosas teníamos en común. Ella me recuerda muchísimo a mi
cuando aún estaba en España. Me gusta su decisión, su independencia y su
fortaleza de carácter. Lamento que nuestro error de percepción no nos
permitiera conocernos mejor antes pero ella es el ejemplo que en cualquier
momento puedes descubir una amistad inesperada, alguien que te escucha y con el
que compartir pasiones y emociones. Ella está ahí ahora y le agradezco cada
palabra y cada minuto que me dedica.
Así que si que tengo
con quien hablar, quizás soy yo a quien le cueste hacerlo y admitir por tanto,
ese giro en mi carácter. Y sé que mi familia también está ahí, solo que
quizás, en estos momentos, al igual que yo, necesitan que el tiempo se lleve
tantos horrores y recuperar un poco la normalidad.
No estoy sola. Nunca
lo he estado en mi vida. Soy afortunada. Ellas siempre están a mi lado: amigas,
hermanas y madre. Quizás olvidé simplemente lo que un día se me dio tan bien:
escuchar.
como me molestaba que te llamaran "porky"me daba tanta rabia los apodos, yo tambien sufri los mios, bueno el mio ha perdurado en el tiempo y aun hay quien cree que es mi apellido,jeje, para hablar solo hay que escuchar y entonces vemos que los demas estan ahi, esperando hablar con nosotros. salut....ahh como siempre anonimo descubierto,jejeje
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