miércoles, junio 12, 2013

Lecciones y reflexiones

Me he dado cuenta, con algo de tristeza, que no escribo desde enero. Escribir siempre ha sido para mí una ayuda en muchos sentidos aunque a veces dudo acerca de la continuidad de este blog. Jamás podría dejar de escribir pero dudo si realmente sea acertado compartir lo que escribo. Este blog nació hace ya muchos años y en la primera entrada que escribí quise dejar claro el porqué de su titulo. Nació cuando Internet se convertía en el boom de las relaciones sociales y en la opción para exprimirse más allá del ámbito personal. No nació con ninguna temática en concreto, solo quería ser un espacio donde explicar cosas cotidianas y sentimientos cotidianos, es decir, mi vida cotidiana. Creí que compartirlo podría ayudar a mis posibles lectores a enfrentar las dudas, miedos, desafíos y las pruebas que la existencia nos depara. No pretendía que mis reflexiones fuesen una doctrina pero pensaba que quizás las personas se identificarían con las vivencias de algunas entradas y eso las ayudaría a sentirse menos solas, más comprendidas y quizás les daría, de vez en cuando, una idea de cómo seguir adelante pese a los baches. Hoy después de tantos años, compruebo, sobre todo gracias a Facebook, que compartir es un arma de doble filo. Sé que algunas personas siguen mi blog y para aquellas que no lo hacen he cogido por costumbre compartir el enlace de cada nuevo escrito en mi muro. Pero quizás no he tenido en cuenta, que no todo el mundo entiende mi manera de ser, de pensar, ni mis razonamientos. Estoy cansada de pasar por una persona depresiva solo por tener el coraje de hablar de las cosas difíciles de la vida, aunque se bien que evitaría ciertos disgustos si escribiese únicamente para mí. Me entristece pensar en abandonar algo que hace tantos años que existe, en cerrar este espacio de "encuentros", en privar a los pocos que disfrutan de mis escritos de ellos. Y supongo que me puede más el respeto por esas cuatro personas que me leen y mi reconocimiento hacia ellas que todo lo que puedan pensar ciertas mentes que no llegan a donde llega mi espíritu; o que ven la vida con la mirada de la simplicidad, lo cual respeto enormemente, pero que les conduce a juicios equivocados sobre como yo veo y siento las cosas. Y sobre todo, a juicios equivocados sobre como soy.

Es tiempo de reflexión. O más bien, son días de reflexión. Quitarme de encima el periodo de exámenes me ha dejado esa sensación de alivio que vivía en mis ya lejanos años universitarios. La diferencia es que no tengo veinte años y detrás no vienen unas bien merecidas vacaciones sino mas bien tres largos meses de verano donde decidir muchas cosas. Dejo atrás un examen en blanco y una lección aprendida:  hasta donde debemos ponernos metas ?

Llevaba días planteándome primero si presentarme, y luego, simplemente, la continuidad en la UNED. Los últimos meses, terriblemente duros por circunstancias que pertenecen a un ámbito muy personal, me habían traído como principal consecuencia una total falta de preparación para dicho examen. Solo dos asignaturas este año y, pese al excelente de la primera, no hacia más que ver ante mí el aplastante fracaso de esta última. Decidí hace un año estudiar lo que debí escoger hace quince, y lo hice consciente de que era más como un hobbie y una válvula de escape; algo con que tener ocupada la cabeza en las horas de soledad e insomnio. Pero poco a poco me lo puse como una meta más en mi vida. Porque no convertirlo en una nueva salida profesional, aunque tardía? Las semanas previas al examen no resultaron mejor que los meses previos. La falta de sueño, la salud con terribles altibajos y la acumulación de, llamémoslo, percance tras percance, me convencieron a dos días del examen de que mejor era no presentarse. Podéis pensar que solo se trataba de un examen pero dado que debo hacerlo en Bruselas y que mi red de apoyo es escasa, supone todo una complicada organización que acabó resultando innecesaria. Pero mi yo interior me decía que lo intentase, que tentase mi suerte con el estudio selectivo de temas que había hecho, que yo nunca me rendía, que si no lo intentaba me arrepentiría al menos todo el verano, etc, etc, etc... Os dais cuenta cuantos tópicos en una s pocas  frases? Porque forzarse cuando uno no siente el coraje o cuando sientes y sabes  que vas a fracasar? Creo que ponerse metas y luchar por ellas es signo de coraje y voluntad pero, no es valiente también reconocer que no se puede llegar a más, que no pasa nada por rendirse de vez en cuando y que no hay nada de vergonzoso en el fracaso. Nos obligamos a diario a "llegar a todo" porque creemos que sentirse realizado es cumplir sus metas, pero donde está el límite entre realizarse y sobresforzarse?

"No hay más limites que los que se impone uno mismo", leí hace poco en facebook; una de esas miles de frases que rondan por las redes sociales. Cuando uno lee algo así lo primero que piensas es en el carácter automotivante y te dices es "cierto yo puedo". Le di el sentido positivo y glorioso que seguramente le dieron muchos facebookeros. Luego, tras leer el examen, renunciar y esperar la media hora reglamentaria que exige la UNED para entregar las hojas, empecé a pensar en ella. Con treinta minutos por delante y como única vista el cielo gris amenazante de tormenta que veía desde la ventana, mi cabeza empezó a repetir la frase. Creí que trataba de autoconvecerme de que podría sacar algo de aquel examen y entonces de golpe comprendí: "...mas limites que los que se impone uno mismo...". Yo me había impuesto los míos dos días antes al decidir de ir a la convocatoria de septiembre pero la obsesión por las metas, el miedo a la frustración, a la decepción y al fracaso me habían llevado hasta allí, y ahí estaba, plantada como un monigote observando encima, como si fuera una mofa de la vida, más de un alumno bloqueado, otros tantos en igual situación que yo esperando la tediosa media hora sin escribir una línea y una pareja delante sacando chuletas y copiándose mutuamente.

Imponerse metas no significa que estas sean grandiosas y reconocer sus límites no implica que estos tengan que ser desmesurados. No es una frase que invite solo a la lucha sino también a la rendición, a reconocer cuando por diferentes circunstancias no se llega a lo que en otros momentos se hubiese llegado. Puede parecer estúpido que un simple examen derive en tal reflexión, pero de las cosas simples sacamos las grandes lecciones. Me hubiese evitado, entre otras cosas, un tedioso viaje hasta Bruselas de más de una hora y la decepción de Jona en el coche al comunicarle el resultado, no porque hubiese suspendido, sino mas bien por su temor a que mi decepción fuese aun mayor y eso me dejase más desmoralizada de lo que llevaba últimamente. Solo para qué? Para demostrar que puedo tener éxito en todo lo que hago? Demostrárselo a quien? Lo cierto es que las metas que nos ponemos son muchas veces mecanismos de defensa camuflados. Conseguirlas nos da, a veces, la falsa sensación de que todo va bien en nuestras vidas solo porque hemos logrado algo que nos hemos impuesto. La metas son un temporizador que mantiene en espera otros muchos problemas que tenemos en la vida. Lo peor es cumplirlas y descubrir que llegada la hora cero todas esas cosas que tratábamos de olvidar con nuestro objetivo siguen ahí, cosas cuyo enfrentamiento volvemos a posponer con nuevas metas. Explicado con un toque de humor seria como las vacaciones. Nos pasamos el año con problemas, de dinero, de trabajo, de fatiga. Y ponemos nuestra mira en las vacaciones. Nos decimos que pronto llegarán, que descansaremos, recuperaremos fuerzas...es nuestro objetivo, otro tipo de "meta" para camuflar y soportar la pesarosa cotidianidad. Pero cuando ese mes de playa y sol ha pasado, la realidad con todos sus problemas sigue ahí, a la vuelta.

Quizás las principales metas que deberíamos cumplir son las que se presentan cada mañana al levantarnos, las del día a día. Y no dejar de imponernos otras más especiales, más grandiosas, ni más ambiciosas. Pero sin convertirlas ni en mecanismo de defensa para huir de la realidad, ni en obsesiones, ni en esfuerzos físicos inconmensurables. Y sobre todo sin olvidar que la meta más grande después de lograr sonreír cada día es simplemente, vivir.


Dulce sueños lectores.

1 comentario:

  1. Me ha encantado,es maravilloso, gracias por ayudarme a entender algo que llevo tantos años haciendo. Ya estoy cansada de intentar ser la mejor en todo y de tratar de no decepcionar nunca a nadie, se acabó ser una "superwomen" a partir de este momento sólo voy a pensar en ser feliz y disfrutar al máximo de todo lo bueno que me está dando la vida. No dejes nunca la escritura eres la bomba, un beso enorme guapa!!!!

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