Moni me mando un mensaje el otro dia en el que ponia que se alegraba de tenerme de nuevo en su día a día. Nuestra relación siempre ha sido intermitente, por periodos. Nos pasamos mucho tiempo si saber nada la una de la otra y de golpe nos hacemos inseparables. Creo que la verdadera amistad no se mide por la frecuencia sino por la calidad asi que en nuestros reencuentros disfrutamos estando juntas sabiendo que siempre, de un modo u otro, estamos la una para la otra.
A Moni la conoci en el restaurante y, aunque habiamos hecho el COU juntas, nunca nos habiamos hablado hasta entonces. Al principio no congeniamos porque la veia como la chica guapa y pija que era incapaz de meter las manos en la pica del office sin guantes, pero luego descubri que detrás de la fachada se encontraba alguien muy parecido a mi. Nos hicimos amigas y luego íntimas, cuando en plena fase de separación de su pareja cogí las maletas y me fuí a Madrid a echarle un cable con la mudanza.
Era la primera vez que iba a Madrid y dado que mi relación tampoco estaba bien fué como un escape. Recuerdo aquel enorme piso de parquet y el comodisimo sofa rojo donde nos pasabamos las noches bebiendo cerveza y, como no, hablando del Escut. Recuerdo el gatito que "Pi" el amigo pirado de Moni adoptó y trajo a casa, y como encontro en mi maleta la casa perfecta. Y recuerdo los paseos por El Retiro, las visitas a museos y los noches madrileñas. Y recuerdo la mudanza y el coche lleno de trastos...
La segunda vez que me volví a escapar a verla fuí con Anita. Fué la más divertida: rutas por los bares, un apartamento de estudiantes en Lavapiés con un montón de cerveza y Anita haciendo de Janis Joplin con la guitarra...y los dibujos en las paredes. En esa ocasión conocí a uno de mis escritores favoritos con quien hacia un año que me carteaba. Nos citamos en el Templo de Debod, como símbolo de la pasión que nos unia a los dos (Egipto) y asi conoci a Nacho Ares con quien tengo una estupenda amistad. Aun me acuerdo de Anita espiando tras los árboles convencida de que aquello era una cita a ciegas. Aunque lo mejor de aquel viaje fue el percing que Anita decidió ponerse en la lengua y el mal rato que pasó el viaje de vuelta.
La tercera y última vez fuí con Marta en un viaje relámpago para pasar el finde con Moni, que pasaba una mala temporada y estaba a punto de volver a Barcelona.
Siempre que pienso en Madrid se me vienen a la cabeza muchas cosas, sobretodo el trasfondo de mis escapadas, de mis huidas. Por eso me resulta tan difícil volver, aunque ahora, salvo Nacho, nada me une a una ciudad que siempre me pareció gris.
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