martes, junio 28, 2005

Otro cuento

EL BUSCADOR-Jorge Bucay

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador
Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.
Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … "Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía "Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

lunes, junio 20, 2005

Todo lo que quieres, lo conseguirás....

Roy Orbison-You've got it

Every time I look into your lovely eyes,
I see a love that money just can't buy.
One look from you, I drift away.
I pray that you are here to stay.

Anything you want, you got it.
Anything you need, you got it.
Anything at all, you got it.
Baby!

Every time I hold you I begin to understand,
Everything about you tells me I'm your man.
I live my life to be with you.
No one can do the things you do.

Anything you want, you got it.
Anything you need, you got it.
Anything at all, you got it.
Baby!

Anything you want
Anything you need
Anything at all

I'm glad to give my love to you.I
know you feel the way I do.
Anything you want, you got it.
Anything you need, you got it.
Anything at all, you got it.
Baby!
Anything you want, you got it
Anything you need, you got it
Anything at all, you got it
BabyAnything at all
Baby
You got it

lunes, junio 06, 2005

Pongamos que hablo de Madrid

Moni me mando un mensaje el otro dia en el que ponia que se alegraba de tenerme de nuevo en su día a día. Nuestra relación siempre ha sido intermitente, por periodos. Nos pasamos mucho tiempo si saber nada la una de la otra y de golpe nos hacemos inseparables. Creo que la verdadera amistad no se mide por la frecuencia sino por la calidad asi que en nuestros reencuentros disfrutamos estando juntas sabiendo que siempre, de un modo u otro, estamos la una para la otra.
A Moni la conoci en el restaurante y, aunque habiamos hecho el COU juntas, nunca nos habiamos hablado hasta entonces. Al principio no congeniamos porque la veia como la chica guapa y pija que era incapaz de meter las manos en la pica del office sin guantes, pero luego descubri que detrás de la fachada se encontraba alguien muy parecido a mi. Nos hicimos amigas y luego íntimas, cuando en plena fase de separación de su pareja cogí las maletas y me fuí a Madrid a echarle un cable con la mudanza.
Era la primera vez que iba a Madrid y dado que mi relación tampoco estaba bien fué como un escape. Recuerdo aquel enorme piso de parquet y el comodisimo sofa rojo donde nos pasabamos las noches bebiendo cerveza y, como no, hablando del Escut. Recuerdo el gatito que "Pi" el amigo pirado de Moni adoptó y trajo a casa, y como encontro en mi maleta la casa perfecta. Y recuerdo los paseos por El Retiro, las visitas a museos y los noches madrileñas. Y recuerdo la mudanza y el coche lleno de trastos...
La segunda vez que me volví a escapar a verla fuí con Anita. Fué la más divertida: rutas por los bares, un apartamento de estudiantes en Lavapiés con un montón de cerveza y Anita haciendo de Janis Joplin con la guitarra...y los dibujos en las paredes. En esa ocasión conocí a uno de mis escritores favoritos con quien hacia un año que me carteaba. Nos citamos en el Templo de Debod, como símbolo de la pasión que nos unia a los dos (Egipto) y asi conoci a Nacho Ares con quien tengo una estupenda amistad. Aun me acuerdo de Anita espiando tras los árboles convencida de que aquello era una cita a ciegas. Aunque lo mejor de aquel viaje fue el percing que Anita decidió ponerse en la lengua y el mal rato que pasó el viaje de vuelta.
La tercera y última vez fuí con Marta en un viaje relámpago para pasar el finde con Moni, que pasaba una mala temporada y estaba a punto de volver a Barcelona.
Siempre que pienso en Madrid se me vienen a la cabeza muchas cosas, sobretodo el trasfondo de mis escapadas, de mis huidas. Por eso me resulta tan difícil volver, aunque ahora, salvo Nacho, nada me une a una ciudad que siempre me pareció gris.