Mañana mis padres cogen un vuelo hacia Bélgica. Mi abuela, según el médico, está en fase terminal y apenas le dan unos dias de vida. Ha sido una de esas tardes extrañas en las que, pese a las noticias recibidas, por dentro algo revive y se entremezclan sentimientos. Mientras volvía a casa en coche miraba por la ventanilla y veia más que nunca el verde de los árboles, el amarillo rojizo de la puesta de sol, cada diminuto ser vivo que se cruzaba en el trayecto como si quisiera o sintiera la necesidad de vivir las pequeñas cosas intensamente en un intento de disfrutar de toda una vida en apenas un segundo. No podría decir como me sentía ni que pasaba por mi cabeza. Era como ver una larga carretera con una rasante a lo lejos en el horizonte y, al llegar a ésta, descubrir asombrada que la carretera sigue y que lleva a otros caminos. Era la sensación de que un ciclo se acaba y otro nuevo empieza, de que después de cada fin viene un nuevo comienzo y que a su vez cada fin tiene un comienzo y el de mi viejecita ya ha empezado.
Este fin de semana he recibido muchas llamadas y visitas de esa gente que forma parte de tu vida pero que no están. Me reia sola pensando que siempre vuelven a aparecer cuando más necesito estar sola o cuando mi situación me invita a preocuparme solo por mi. Y lo más curioso es que aparecen cargados de desdichas que comparten conmigo y que yo como siempre, pacientemente escucho y comparto. Aún así no puedo evitar estar allí para ellos pese a la insistencia de Rafa de que nunca estan cuando los necesito y si cuando peor me siento. Por más que me diga que me desentienda creo que mi misión en esta vida es ayudar y hacer feliz a todos los que pueda asi que como girarles la cara. Así que de golpe mis problemas vuelven a segundo término o a ese rincón de mi corazón con el que hablo a solas por las noches y de nuevo estoy allí al pie del cañon: para algunos es un sacrificio a mi felicidad, para otros una manera de ser que no puedo evitar. Para mi solo es lo que creo que debo hacer, lo que hace que por las noches me acuesto pensando que pese a todo sigo siendo yo.
Se que ahora viene lo más duro pero en esos sentimientos encontrados, mi carretera es más larga y tiene infinidad de caminos paralelos y también transversales. Y además está rodeada de árboles verdes y flores, y niños corriendo y jugando, y ancianos sentados a la sombra de una banco esperando quien les lleve a casa, cualquiera que sea. En mi camino, en mi carretera, la muerte es solo una nube que ensombrece a ratos el trayecto pero que pasa porque la brisa de la vida se la lleva. Así es como es y así es como debe ser, porque sigue existiendo ese porche y esa casita en medio del prado. Porque hoy el árbol puede parecerme de un verde apagado pero mañana bajo el sol, el verde será brillante.
Solo hay algo que siempre desconoceré y es el saber de donde se sacan a veces las fuerzas para seguir adelante cuando parece que esa nube oscura no se la quiera llevar ni el más fuerte viento. Imagino que la respuesta está en el corazón de cada uno, en sus propias vivencias y en el modo de entender y sentir la vida. A mi corazón le arrebataran algo grande dentro de poco pero es increible descubrir de cuantas cosas hermosas todavia está lleno y cuanto queda que pelear aún por todas esas cosas. Como rendirse entonces?. La última batalla que debería librar toda persona no es contra la muerte sinó contra el olvido. Mientras todos recordemos todos estaremos juntos. Un solo recuerdo, toda una vida. Os quiero.
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