Cuando hace seis años dejé mi país de origen nadie me
habló de coraje. Unos me dijeron que estaba loca por dejar mi vida atrás y
empezar de nuevo en un país del que desconocía hasta la lengua. Otros se
sintieron dolidos y abandonados y, en consecuencia, no recibí de su parte ni
una sola palabra de apoyo. Con el tiempo agradezco que nadie me hablara en ese
momento de coraje, porque no lo fue…fue una osadía. Y cual es la diferencia? El
coraje lleva implícito el convencimiento de que vas a lograr tus metas, la
osadía es una especie de locura en la que sabes que tienes por delante retos
que seguramente serán insalvables…pero te lanzas… quizás con más ímpetu, con
más ganas y con más empuje aunque el miedo te paralice por momentos y las dudas
te acompañen casi a diario.
Hoy esa gente que dejé atrás me pregunta a veces por
el resultado de esa osadía. Algunos siguen pensando que fue un error porque
sigo combatiendo a diario, porque tengo mis buenos y malos momentos, porque
como dice el dicho “je ne suis jammais aussi triste qu’on le croit…et jamais si
heureusse que l’on peut penser” y porque después de seis años me siento tan
extranjera aquí como en mi propio país. Yo les respondo algo tan simple como
“de que debo arrepentirme? De haberme atrevido?” Porque en la vida hay que
atreverse. No importa el resultado, ni las piedras en el camino, ni las
lágrimas, ni la soledad, ni la tristeza. Lo verdaderamente importante es
intentarlo. Lo único que cuenta es el camino no la meta. Porque es en ese
camino donde llenamos la mochila de todo lo que nos hará más fuertes adelante.
Solo hay que escuchar “Space Oddity” de David Bowie. Cuando el
coronel Tom pierde contacto y se queda para siempre a la deriva. Sabe que no
puede hacer nada pero aun en esa situación consigue admirar el magnífico azul
del planeta tierra. En ningún momento se escucha que se arrepienta de su viaje.
La última vez que oí la canción fue en “La vie reveé de Walter Mitty” que para
muchos es un autentico sin sentido y para mi es una de esas películas que envían
con fuerza el mensaje “Hay que atreverse”.
Y no escribo esto solo para las personas que un
escalan el Everest, que dan la vuelta al mundo en patinete, que se van a la
selva amazónica a construir una escuela o a África a construir pozos de agua…lo
escribo para la todos vosotros. Para las mamas y papas que se levantan por las
mañanas y se toman un café al tiempo que hacen la mochila del colegio, y visten
y peinan a sus hijos. Para esas personas que diariamente se enfrentan a la
monotonía de un trabajo porque gracias a él podrán cuidar de sus seres
queridos. Para esas personas que tan equivocadamente llamamos “gente
corriente”. No somos gente corriente y sea como sea nuestra vida no debemos
jamás temer osar cosas nuevas. No debemos dejar que el miedo nos bloquee, ni
que los fracasos por continuos que sean, nos convenzan de que es mejor quedarse
quieto viendo la vida pasar. Hay que luchar y atreverse con todo, hay que tener
la osadía de, al menos una vez en la vida, intentar algo que siempre hayamos creído
imposible, y sacar todas las lecciones de ello, las buenas o las malas.
Así que atreveros: a viajar, a cantar en un karaoke, a
hacer puenting, a saltar en paracaídas, a abrir ese negocio, a estudiar esa
carrera, a escribir ese libro, a aprender guitarra… o a salvar un castillo.
Besos.