Hace un tiempo publique una entrada, a petición de una amiga, de mi
grupo de verano, amigos de los que disfrute desde los diez años hasta casi los
dieciocho y con quienes retomé el contacto a través de Facebook. Mi hermana
pequeña, una vez decidida a lanzarse al curioso mundo de las redes sociales,
tomo carrerilla y creó un grupo llamado “Piscina dorada” en honor al complejo
de apartamentos de Comarruga donde veraneábamos.
Y ahora creo que es tiempo de homenajear a todo esa pandilla heterogénea
que fueron los compis de colegio durante los ocho años de la ya desaparecida
Enseñanza General Básica. Los recuerdos me fallan bastante, supongo que la edad
no perdona, y son sobre todo, pequeños
flashbacks que me vienen a la cabeza pero que siguen ahí imborrables como parte
de la niña-adolescente que fui un día. Para ser sincera debería ser Dámaris
quien se animara a escribir sobre toda esta etapa, por su más que impresionante
memoria, por la colección inacabable de recuerdos materiales que conserva y por
su talento para la escritura que estoy deseando que retome, seguramente para
placer de más de uno. Estoy segura que el día que se anime nos hará viajar un
poco más lejos de lo que mi memoria me permite.
Mi viaje en el tiempo empieza en tercero y muchos recuerdos están
ligados a esa época, básicamente porque de antes apenas sabría contar nada.
Como le dije hace poco a Jose, creo que es el único momento en que me sentí un poco
Cenicienta y no la poco agraciada hermanastra, y eso, se lo debo tanto a
Margarita como a ese pequeño grupo de personitas que formábamos la clase de 3°C,
la clase “de los que nunca aprobaban”. Supongo que el hecho de ser pocos creo
lazos especiales, todos metidos en aquella aula cuyas reducidas dimensiones hacían que nuestros
espacios vitales se mezclaran inevitablemente. Recuerdo las competiciones de
cálculo mental o los concursos de dos grupos capitaneados siempre por Eva y yo,
siempre en rivalidad, siempre en constante lucha por ver quién de las dos sabía
más. No parecíamos destinadas a ser amigas, pero lo fuimos, y bien si la
amistad se rompió hace tiempo no sería justo ni lógico no hablar de ella.
Escribir es volcar todas nuestras emociones, con sinceridad y con veracidad,
nos duela o no. Quisiera acordarme de todos pero como siempre las afinidades
hacen que tengas a unos más presentes que a otros. Niñas creo recordar que éramos
pocas: Genoveva, Luisa, Marta, Eva, Eli y Esther que nos dejó terriblemente
pronto. Y luego estaba la tropa masculina: Iván, David, los dos Javis, Jose,
Carlos, Toni, Mancebo, Joan Manel… Recuerdo también los días en que tocaba
correr en clase de gimnasia. ¿Es que había alguien que corriese de verdad? Yo solo consigo
acordarme de los paseos y las charlas, y las broncas de Xavi cuando nos pillaba
de relax por las urbanizaciones de Vallirana. Margarita se fue al final de ese
mismo año en busca de su sueño y hoy enseña en la Universidad de Viena. Tercero
se convirtió en cuarto y con el nuevo curso llegó Julià. Aún conservo por ahí
la postal de navidad que nos hizo pintar ese año. Cuando de que con ella, os la
colgaré en el grupo.
Luego aquel pequeño mundo se disolvió y quedamos divididos de
nuevo en las tradicionales A y B. Para mí se rompió mi pequeña burbuja de seguridad
y me pasé el resto de años intentando sobrevivir en un medio que empezaba a
parecerme hostil. Pasé mis dias de EGB asediada continuamente con complejos y agobiada
por una marea incesante de “torturas”. Ahora lo llaman bulling o acoso escolar,
antes solo eran peleas de niños. Cristina, me dijo una vez que no era la imagen
que proyectaba, pero solo nosotros mismos conocemos nuestros demonios internos
y de cuantos mecanismos de defensa echamos mano para continuar avanzando.
Curiosamente, además de mi inseparable Marta y de Eva, Dámaris vino a unirse a
la lista de mis más queridas amigas. Y digo curiosamente, porque para mí ella
era la antítesis de lo que era yo. ¿Como hacía para ser tan
terriblemente guapa, lista y encima jugar tan bien al futbol? Jajaja. Y no es
que fuera incompatible, era simplemente que lo tenía todo y todo lo hacía bien.
Supongo que por eso nos unimos a gente completamente opuesta, porque en cierto
modo, complementa nuestras carencias. Y como en un salto en el tiempo, mis
segundos recuerdos empiezan en sexto. Las tardes en casa de Dámaris, las miles
y miles de rumbas que escuchábamos, las excursiones… Y recuerdo también los
dibujos que Carolina nos hacía a Eva y a mí, que tenían un curioso gusto por lo
gore. Seguro que si lee esto y se acuerda, estará riéndose de lo grande.
Recuerdo mucho a Alex también. Su pérdida dejó un terrible hueco entre los que estábamos
más cercanos a él. Supongo que haberme encontrado para comer un mes antes con
él y con Eva hizo más duro la incomprensión de todo lo que pasó y me ha dejado
el resto de mi vida con ese sabor amargo que deja la dolorosa pregunta: ¿cómo es que no vi nada
llegar? Nos quedó su mirada azul cielo y tantos y tantos momentos geniales con él,
sobretodo esos mágicos días de fin de curso por las calles de Florencia y
Venecia.
Tengo muchos nombres en la cabeza: Maribel, Eli, Carlos, Masmitjà,
Raúl, Rosi, los Oscar, Montse, Esther, Cristina, Dani, Ramón, Bea, Sonia, Carlitos
(si si tu Antolin) , ¿pero como recordar a mi vecino de toda la vida con otro nombre?...Y
tantos más. Y Porki! Jajaja. Que ridículo me parece hoy y cuanto me atormentó
en su momento. Por suerte y gracias a los amigos mi particular “moving” tuvo el
efecto inverso, y si bien la inseguridad y la falta de confianza han estado
alguna vez presentes en mi vida, salí fortalecida. Ahora con treinta y seis
años los complejos, se reducen a la grasa y la celulitis, y los recuerdos de
aquellos ocho años quedan a verdaderos momentos de alegría, de
aprendizaje y de amistad. La distancia personal siempre te hace ver las cosas
con perspectiva. Hoy la distancia física de 1300 km que me separa de todos
vosotros hace que sienta que los verdaderos amigos cuando están, están siempre.
Hoy se llama Facebook, mañana quien sabrá, pero espero que podemos encontrar
siempre ese espacio privilegiado donde recordar que un día fuimos niños felices,
despreocupados e inocentes.
