miércoles, julio 02, 2008

El verano de mi vida













Es curioso que tenga que ser éste. Normalmente tienes entre dieciocho y veintidos años, vives tu primer amor y estás pasando unas estupendas vacaciones en sabe dios que idílico lugar con playa y terracitas de verano. Yo no. Estoy en pleno tratamiento médico de desintoxicación, he perdido los pocos "amigos" que tenia y ya no recuerdo que es eso del sentimiento. Pero he recuperado los veintiun años que nunca tuve. Aquellos vintiun años en los que me pasaba horas sirviendo cockteles tras una barra y banquetes de boda, pensando si algún dia sería yo la novia, algo que tuve que lamentar más tarde. Hoy me he atrevido a retroceder más en el tiempo y he vuelto a mis doce años mientras esperaba en el mar aquella ola gigante por la que me dejaba arrastrar. Este último mes me he dedicado a vivir, como si algo fuese a acabarse pronto porque esa la sensación que me persigue desde hace tiempo. He vivido la eurocopa como jamás había vivido antes el futbol. Me he pintado los colores de España en Bélgica y me he subido al coche bandera en mano para mezclarme entre la multitud y cantar el viva España. He visto como nos haciamos con la Victoria frente a un enorme proyector en el Belchica, y me he mojado en plaza España. He viajado. Primero esos dos dias en Cambrils, luego la maravillosa casita de madera en Susqueda, luego Bélgica...ahora de nuevo aqui. Siempre acompañada de Jona y contagiada de su juventud. Con él he superado mis miedos: he subido al Dragon khan y al huracán condor, le he dado de comer a los caballos y he nadado entre las heladas y transparantes aguas plagadas de rocas para conseguir llegar hasta esa garganta y dejar que la cascada de agua me rociara suavemente. He sido joven y libre, despreocupada y loca, a veces algo insensata. Pero era justo que en algún momento de mi vida, yo disfrutara de la juventud que nunca tuve, aunque solo fueran dos meses, aunque solo sea un verano...porque entonces se trata de recojer cada momento vivido en la memoria y aferrarte a ellos cuando vuleva la normalidad, la solitud y la monotonia de una vida que aunque frenética siempre deja algo en tintero. Sin embargo, algo si ha cambiado este tiempo: la sensación de final es más fuerte y también la de pérdida, pero por contra la esperanza es más grande. No si es por estar el lado de Jona, por contagiarme de sus risas, por admirar en cierto modo su coraje frente a algo que se le escapa de las manos y por lo que no puedo hacer nada. Quizás él solo es el detonante de una bomba que llevaba tiempo esperando explotar. De momento solo tengo el dedo agarrando la anilla de la granada, pero se que tendré que estirar de ella y asumir las consecuencias de la explosión. El precio por el verano de mi vida ha sido alto y injusto pero como dijo Jona, yo no soy Dios y no puedo arreglar la vida de todo el mundo. Quizás va siendo hora de que los deje marchar, a todos ellos, y a mi pasado. Quizás este es el momento de pensar en mi, mi momento. Y ya no porque, como bien decimos, se me pasa el arroz, sino porque se me pasa la vida y esta es demasiado corto para vivir en el círculo en el que llevo demasiado tiempo metida. No puedo saber que pasará, nadie puede saberlo, solo tengo mi pequeña alma, mi gran corazón y esa esperanza que quisiera saber porque, pese a todo, no me abandona nunca. Nada es fácil. No nos dijeron al nacer que la vida lo era, pero debieron advertirnos de que merecia la pena vivirla, con enfermedades, pérdidas, tristezas y decepciones. Somos lo que hemos vivido, como he leido hace poco. Y si bien se acaba el verano de mi vida, no se acaba ésta. Tal vez la sensación de final, es de final de etapa pero si mañana no despertase como dice Garth Brooks dejo constancia aquí de que he querido a cada ser que ha pasado por mi vida y de que hoy quiero más de lo que jamás lo he hecho. Volver a ser joven siendo una "vieille" como dice mi primo ha sido todo una experiencia. Ahora toca regresar al mundo real.